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Crónicas de la Nada

Distancia

Distancia

Hace veinte años, por estas fechas, tomó el avión que lo llevó a otra vida.

No volvió, porque el nuevo mundo que encontró lo envolvió. Buscaba aventuras, emoción, oportunidades. No sé si olvidar algo.

A su edad, todo se olvida fácilmente, menos lo que se lleva grabado desde niño. Para él, la mejor opción era tomar el avión e irse. La voz que lo pudo detener no lo hizo. No podía coartar su libertad de buscar otro mundo, lejos de todos.

Lo vimos partir, como a tantos, pero con la seguridad de que al menos, no se iba a quedar en la frontera intentando infructuosamente cruzar un río traicionero.

Lo vimos partir con la esperanza de que todo fuera una emoción de adolescente y que un mes después estaría nuevamente contando aventuras en el lado gringo.

No fue así. En 20 años, que según Gardel no son nada, pasaron muchas cosas. Encontró una familia que sustituyó la que dejó aquí. Encontró amigos que luego se volvieron sus hermanos en el exilio.

Halló una mujer por quien vivir, que le cumplió cabalmente hasta el último momento la promesa de estar con él hasta que la muerte los separara.

Formó su propia familia, con raíces generacionales en esa tierra prometida.  Y luchó, sigue luchando, por ellos, por sobrevivir, por darles lo que creyó no podría darles en su tierra.

Seguro se ha arrepentido alguna vez. Todos lo hacen. Pero una vez montado en la carreta del destino, no es de hombres fuertes bajarse a la primera sacudida.

Veinte años, que sí son muchos. Son la vida de muchos que entonces ni siquiera imaginábamos iban a estar. Fue la muerte de muchos otros que pensamos siempre estarían con nosotros. Son un rosario de fracasos, de triunfos, de desilusiones de levantarse con las rodillas raspadas y el orgullo maltrecho.

Todos sufrimos. Él quizá sufrió más que los otros.

Pero ni él, ni nosotros nos quejamos, y enfrentamos lo que venga y lo que vendrá. Siempre juntos, aunque la distancia y el tiempo no nos dejen vernos.

Noviembre 26 de 2009

El dios fútbol

El dios fútbol

Cada quien tiene su dios.

Y no es el dinero el único que nos atrae a su culto. Hay tantos como personas habemos en el mundo.

Hay quien rinde pleitesía al sexo en todas sus formas. Desde mirar con deseo a alguien del género opuesto, hasta autosatisfacerse en las noches de soledad.

Otros, buscan el dinero, cierto. Y trabajan tanto para tener, que al final no tienen tiempo para disfrutarlo. Pero su religión es hacer dinero, no gastarlo.

La comida es el dios de muchos. Aunque menos común, porque el dios de la vanidad mata al dios de la gula y le quita a miles de seguidores.

El fútbol es otro de los dioses grandes. Sus seguidores de todo se olvidan cuando su dios aparece. Antes, sólo exigía culto los domingos.

En ese tiempo, le colocaban un altar en la sala de la casa, con su sacerdote televisión. Le ofrecían libaciones de cerveza o licor.

Luego se dieron cuenta que podían adorarlo todos los días, y en cualquier lugar. La tecnología les ayudó. Ahora, en el auto, en el campo, en la casa, y hasta en las iglesias, se puede cargar con el dios fútbol.

Nada vale cuando los llama. Ni familia, ni hambre, ni trabajo. Todo es fútbol.

El dios fútbol.

 

Noviembre 25 de 2009

Los payasos

Los payasos

Los buenos payasos se inspiran en los niños, porque estos son un surtidor de ideas, de risas espontáneas y de alegría.

No conozco niño triste, aunque debe haberlo. Aunque la vida los golpeé, aunque sufran hambre, maltrato, malos padres, pobreza, siempre tienen una sonrisa a flor de labios para ofrecer a los demás.

Y si tienen lo que necesitan, que casi siempre es poco, son felices. En los últimos tiempos, lo que necesitan se vuelve más caro, porque ahora piden juegos de video caros, de esos que cuestan muchas jornadas de trabajo. A menos que sea un papá rico.

Si lo tiene es feliz, si no lo tiene, le cambia el semblante unos minutos, y luego encuentra con qué ser feliz.

Y la risa, que siempre brota por todo. Me encanta cuando veo a los niños o niñas que no caminan. Saltan por donde van, alzando las rodillas con la pierna doblada, y con un salto muy peculiar. Parece que lo ensayaran, o ya lo traen integrado en el chip con que ahora nacen.

Y sus gracias. La del niño que toma impulso para lanzar un chicle tan lejos, que de su boca cae a sus pies. El del que dice la frase que delata al papá, o el de la ocurrencia.

La lógica aplastante de los niños es motivo de risa, porque nos pone en ridículo, y de ahí se nutren los chistes, y los payasos.

Cuando veo a un payaso trabajando, se me figura un niño grande, con la cara pintada. De niños, todos quisimos ser payasos.

Y los payasos, quisieran ser niños.

 

Noviembre 24 de 2009

La bebida de la vida

La bebida de la vida

La bebida es como la vida.

Todos la tenemos a nuestra disposición, pero cada quien se la toma a su gusto. Algunos prefieren los tragos largos, aunque no le encuentren sabor. Son los que prefieren la cantidad a la calidad.

Otros optan por tragos cortos, y paladean cada gota. Les agrada sentir el sabor en cada papila gustativa, deleitarse en el aroma que penetra por la boca rumbo a la parte interna de la nariz.

Hay quien sólo la pide, pero no la prueba. Son aquellos que sólo ven pasar el tren pero nunca se suben en él. Son los que cada noche ven la rueda de la fortuna, pero nunca tienen el valor de montarse en ella. Ni en nada.

Algunos, muy pocos por cierto, les gusta compartirla, nunca beben solos, porque el placer de hacerlo es compartir y departir con los demás, para multiplicar anécdotas, que es el principal material de una buena vida.

Tequila, limonada, café, cerveza, agua. En el bar de la vida cada uno elige lo que más le gusta, cuando guste.

Vale lo mismo empezar temprano que dejar todo para la noche. Beber cerveza en el desayuno o champaña por el almuerzo,

Como vale recordar qué es lo que bebamos, y la cantidad que bebamos, lo qué definirá la intensidad de la resaca al día siguiente.

 

Noviembre 23 de 2009

El anillo

El anillo

Eva veía a Adán demasiado libre.

Le preocupaba lo fácil que era para él desligarse de todo, hasta de ella, para lanzarse tras un proyecto.

No importaba qué tan loco fuera o qué tan imposible, Adán lo emprendía como si en ello le fuera la vida.

Entonces, se olvidaba de todo, hasta de comer y de retozar por las noches. Eva se sentía abandonada, incomprendida. Se le despertaba el mal humor, y a veces no se aguantaba ni ella sola.

Adán seguía en su mundo. Concentrado sólo en su labor.

Cuando volvía, una vez terminado o fracasado, volvía a ser el de antes, siempre en casa, obediente, listo para lo que se ofreciera, cariñoso.

O al menos ahí estaba, y aunque no hiciera nada, ni platicara, Eva sentía que era de ella. Que lo tenía.

Muchas noches de insomnio pasó Eva pensando cómo hacer que Adán no se olvidara de todo –sobre todo de ella- por sus proyectos.

Una de tantas, mirando la luna llena que asomaba por la ventana, tuvo una idea.

Le pidió a los topos, viejos amigos, que le buscarán en el fondo de la tierra un material que no se destruyera. Quería que fuera eterno como eterno quería el amor de Adán.

También les pidió que lo buscaran hermoso, como el sentimiento que los unía. Y maleable, para hacer con él algo que Adán pudiera cargar siempre y que se volviera parte de él, como lo es el corazón, los ojos, la mente.

Los topos buscaron día y noche, sin descanso, porque en el fondo de la tierra la noche es igual que el día. Lo hallaron. Encontraron un metal limpio, hermoso, amarillo y refulgente.

Era oro.

Con él, Eva hizo dos anillos, uno para ella y otro para Adán.

-          Ponlo en tu dedo, y así, cada vez que lo veas o lo sientas, te acordarán de mi. Será como el símbolo de nuestra unión

Adán lo tomó con gusto. Era bonito, sin duda. No era eterno, pero indudablemente permanecería por muchas generaciones.

Lo usó en un dedo de la mano izquierda. Lo llamo anular, por el anillo. Lo usó ahí porque era donde menos estorbaba y donde no había tanto riesgo de perderlo.

Tampoco quería despertar la ira de Eva.

Era bonito, sin duda. Pero cuando le daba vueltas en su dedo, Adán sentía que más que adorno, era como un yugo disfrazado.

 

Noviembre 22 de 2009

El Abstemio

El Abstemio

-Ya no bebo

La confesión abrió las risas de todos. Tan espontáneas como un estornudo en una mañana otoñal.

El buen Beto había pasado la vida bebiendo, en noches de parranda a veces interminables, o en tardes de anécdotas repetidas hasta el cansancio, por el simple gusto de hacerlo.

No hubo nunca de su parte un no a cualquier invitación, viniera de donde viniera. Eran proverbiales las borracheras en el gremio, y ninguna estuvo completa si no estaba Beto,

-Ya no tomo.

Parecía sincero. De hecho, su rostro, antes hinchado por el alcohol, ahora se veía menos abogotado,

Hasta se notaba más despierto, más vivaz, más alegre,

Y bueno, no faltó quien le diera el beneficio de la duda, aunque con la condición de que platicara sus causas, una vez que nadie las adivinara.

De hecho, todos aventuraron una causa: que si la religión, que si una enfermedad, que si la crisis.

Nada de eso inhibió la sed del buen amigo Beto. Si no la frenaron en tres décadas, menos ahora.

Había una causa nueva, con efectos determinantes.

-Antes tomaba porque no tenía a nadie, y ahora tengo a alguien. Ya no tengo por qué beber.

A la vejez, viruela, ciertamente. Pero nunca se será viejo, cuando se tiene a alguien por quién volver a empezar.

 

Noviembre 21 de 2009

A la izquierda

A la izquierda

El evento no empieza, porque parece que lo planearon con el clásico horario mexicano: a las ocho y media para empezar a las nueve. Y sí, empezó puntual, exactamente a las nueve de la mañana.

Mientras digeríamos la espera, vemos a la gente llegar. Casi todas son mujeres, que al ver las cámaras sonríen coquetas, se peinan y hacen un mohín como el que piensan hacen las artistas. Las cámaras subyugan y despiertan ilusiones.

Por un momento son adolescentes cuarentonas o cincuentonas que sueñan aunque sea con cinco minutos de fama ante las cámaras y luego ante las pantallas. Llegar a su barrio, a su escuela, a su centro de trabajo y escuchar golosas: te vi en la televisión.

Para ellas es algo inédito y cautivante, a pesar de que el camarógrafo en ningún momento hace el mínimo esfuerzo ni intento para que la lente las capte.

Aún así todas coquetean con la fama, y las más tímidas -aunque a esa edad es casi imposible encontrar a una dama tímida- se limitan a preguntar cómo llegar al recinto.

Tienen la esperanza de que les muestren el camino a sus cinco minutos de fama, pero en lugar de eso, un edecán muy amable les señala el camino siempre con la misma frase: Sube y a la izquierda.

Explicación que quizá va de más, porque a la derecha no hay nada más que pared, simple y llanamente pura pared.

 

Noviembre 20 de 2009

 

Reflexiones al volante

Reflexiones al volante

Estoy inmerso en un mar de autos. O mejor dicho, en un río de coches, porque aunque no lo parezca va circulando, muy suavemente, como los ríos navegables, que en su superficie se ven mansos, pero que en la intimidad de sus aguas tienen un flujo imparable de vida.

Así es este río que corre sobre una de las principales avenidas de mi ciudad. Por fuera poco se mueve, pero en el interior de cada auto se da una maraña de emociones y sentimientos suficientes para crear un drama. O una tragedia.

En mi entorno viajo sólo con mis recuerdos que van fluyendo conforme avanzan los metros.

Son recuerdos del día, pero aparecen algunos del futuro inmediato. Son los que voy planeando para las horas siguientes, y que quizá sean muy iguales a los de todos los días.

El coche avanza lento. Un leve cosquilleo en las piernas me indica que la paciencia está en su limite.

No queda otra que pensar, y en pausas, porque el tráfico exige la atención de todos mis sentidos. Las manos al volante, listo el tacto a cualquier movimiento inesperado.

La vista siempre atenta al vehículo que viaja adelante, para evitar el choque si frena de repente. Mis oídos van atentos a cualquier ruido que signifique un rechinar de llantas, un claxonazo de otro más impaciente, o la llamada desesperada del ulular de una ambulancia.

El gusto va tomando un mal sabor de boca por el hambre que apareció hace un par de horas y se intensifica en la soledad del coche y en la espera que se alarga.

Y el olfato insiste en que esto huele mal, porque ya llevamos una hora y seguimos montados en el cabalgar del tiempo, que esta vez avanza más rápido que los coches.

 

 

Noviembre 19 de 2009

El trabajo de los otros

El trabajo de los otros

Qué fascinación puede haber en contemplar como suben un auto a la plataforma de una grúa.

Visto desde un frío pragmatismo, de nada.

Un tipo que hace amarres de cadenas, que manipula dos o tres palancas, calcula la tensión de los amarres y luego parte, satisfecho de su trabajo.

Nada, en apariencia, pero cinco adultos dejamos lo que hacíamos para seguir paso a paso cada movimiento que el gruyero hace para afianzar el camión sobre la plataforma de su vehículo.

Parece fácil, pero vemos que hace su trabajo con la misma concentración y precisión con que un cirujano cambiaria un corazón en el pecho de su paciente.

Es tan fácil mover una palanca para que las cadenas estiren el otro vehículo. Pero una tensión excesiva puede romperlas, y eso obliga a tener una precisión de cronometro olímpico.

El gruyero la tiene. Con breves movimientos va delineando su trabajo, mientras los demás vemos como lo hace.

Un trabajo sencillo, que despierta en todos la fascinación ante el trabajo ajeno.

 

Noviembre 18 de 2009

Los cigarros de la Abuela

Los cigarros de la Abuela

No lo vi, pero se lo escuché alguna vez. Que la abuela comenzó a fumar muy pequeña, siendo niña.

Siempre fue pequeña, aunque cuando apareció nuestra adolescencia vimos como inexplicablemente iba reduciéndose su estatura. O eso creíamos. La verdad es que crecíamos y la abuela, como era bajita, y ya sumaba entonces muchos centímetros que le había quitado la edad, terminó por ser el primer adulto que rebasamos todos en estatura.

Yo no la vi fumar, pero la familia lo confirma. Alguna tarde de hastío, cuando platicaba con ella, mientras descansaba en su silla de mimbre, me contó que tendría seis u ocho años cuando comenzó a fumar. Contaba que el bisabuelo, su padre, se dedicaba a forjar tabaco, y les enseñó desde siempre a conocer el tabaco bueno y distinguir el de baja calidad. Cuestión de negocios.

Por eso la abuela aprendió a fumar, siempre cigarro de hoja.

Ya tenía ochenta años cuando lo dejó, y todavía tuvo tiempo y salud para vivir otros veinte.

Murií un día de la Candelaria, de simple vejez, porque ni un médico le conoció nunca enfermedad alguna, como no fuera alguna gripe o resfriado que en nada minaba la fortaleza que le sacaba de la cama con los primros rayos del sol y que le permitió siempre ayudar en los deberes de la casa y ser autosuficiente.

Sería que en ese tiempo el cigarro no dañaba, sería que sabía disfrutarlo sin perder el equilibrio de las cosas, o sería que su fortaleza era a prueba de todo.

No sé, pero espero poder preguntárselo un día, cuando la alcance en el lugar donde ahora vive.

Que confío sea en cien años, por lo menos,

 

Noviembre 17 de 2009

 

El frío

El frío

Esa tarde todos llevaban al menos un suéter, y los mas friolentos hasta dos, o un abrigo,

No era mucho el frío, pero luego de muchas tardes consecutivas de calor, los pocos grados que descendió el termómetro se antojaban de congeladora,

Todos iban bien abrigados, algunas mujeres hasta bufanda llevaban, en parte porque así cuidaban su organismo de un resfriado, y en parte porque así lucían más a la moda,

Nada más una persona parecía indiferente al frío. Era el vigilante, el que siempre estaba en la entrada, el que recibía las quejas, los encargos de cuidar los coches, y el que todos saludaban en automático, sin preocuparse más de el,

Estoico, soportaba lo gélido del viento, las miradas de curiosidad y hasta de reprobación por no cuidar la salud. Estar así, en simple camisa, era arriesgarse a un resfriado o una pulmonía. No les preocupaba que pasaría con el, sino que pasaría con sus coches si nadie los cuidaba. Por eso no concebían como podía ser tan descuidado.

Un par de secretarias, de esas que siempre andan despistadas y sumidas en la simplicidad le pregunto:

- ¿Y usted no tiene frío?

El hombre miro el abrigo de la muchacha, su bufanda multicolor, y sin perder la sonrisa le respondió:

- La verdad, lo que no tengo es suéter ni abrigo.

 

Noviembre 16 de 2009

 

Los sueños de Eva

Los sueños de Eva

Mucho quería Adán a Eva.

Todo le aguantaba, su mal humor repentino, sus caprichos, sus veleidades.

A cambio, tenía muchos momentos de ternura, otros de pasión, y asumía un encanto inigualable, que un solo momento de esos, valía por los otros.

Que tampoco eran tan malos ni tan frecuentes.

Era un equilibrio perfecto, gracias a que lo pesaban en la balanza del amor.

No todo le gustaba a Adán de ella. A veces, por ejemplo, no entendía por qué dormía tanto.

Eva podía acostarse con el sol, y levantarse con el mediodía. Y lo hacía bostezando y extrañando la cama.

A veces se levantaba temprano, cuando Adán tenía que salir, y luego volvía al lecho, a seguir durmiendo.

Morfeo –que aún no lo inventaban los griegos- era el principal rival de Adán. Y siempre perdía.

Un día, Adán se resignó, y decidió hacer su propia vida, al menos mientras ella dormía. Inventó algunas actividades, construyó una casa, hizo muchos muebles, inventó juegos.

En fin, fue creando un mundo gracias a los sueños de Eva.

Sólo que luego ella despertaba, y él estaba ensimismado en su labor, y por varias horas seguía en lo mismo.

Eva nada decía, al principio. Pero luego, un día, por fin explotó.

-         Adán, tu siempre con sus cosas, ya ni me pones atención.

Adán, sólo sonrió.

 

Noviembre 15 de 2009

Otros tiempos

Otros tiempos

Cuando era niño, don Panchito tenía su caballo.

No era muy fino, ni valía mucho, ni era último modelo, pero era muy útil. Más en el pueblo, donde mas valía un buen burro que un buen carro.

A veces, cuando los recuerdos le ganan, cuenta que para ir a Galeana tenían que viajar todo el día a caballo, y luego dormir allá y volver al día siguiente.

Era un niño, pero en esos tiempos los hombres se hacían muy pronto.

Un viaje que hoy tarda veinte minutos, entonces tardaba un día.

En sus ochenta años, don Panchito vio avanzar el mundo a una velocidad que nadie, ni Julio Verne, imaginó jamás.

Pasó del caballo a los autos con 400 caballos de fuerza, de la carreta al Challenger que va y viene al espacio. Vio al cartero en su bicicleta, y hoy sólo ve como su nieta más joven intenta entrar, a su año y medio de vida, en la supercarretera de la información.

Su otra nieta, la mayor, en sus 19 años de vida ha leído mas información de la que él jamás vio en toda su vida.

El mundo cambio, no una, sino muchas veces en estas ocho décadas.

Don Panchito no pudo cambiar tan rápido, por más que quiso.

La tecnología fue una vorágine durante toda su vida. Vio el cine mudo y la televisión en los teléfonos celulares. Cambió herraduras y manejó autos que devoraban kilómetro en minutos. Tardaba un día para ir a Galeana, y llegó a cruzar el mundo en unas horas.

No es mal balance.

 


Noviembre 14 de 2009

 

Las urracas

Las urracas

Bajaron las urracas del alambre y se mezclaron con las palomas.

Las urracas estaban acostumbradas a vivir en el alambre o en las ramas de los árboles. Desde ahí ven lo que pasa en el mundo. Tal vez se sienten discriminadas por su color, pero cuando vieron que las palomas ni son tan blancas, ni son tan limpias, ni son tan formales, decidieron que también ellas podían bajar del alambre.

Las urracas son discretas cuando son pocas. Cuando se juntan se vuelven ruidosas y no hay quien soporte su alharaca, porque platican de mil cosas como si no se hubiesen visto en años.

Las dos urracas que decidieron bajar del alambre hacen poco escándalo, como si estuviesen disfrazadas de palomas.

El negro de sus plumas brilla pese a la escasa luz que les llega por la mañana nublada, mientras buscan sobre el suelo cualquier mendrugo que puedan llevarse a la boca para que llegue a su estómago.

Descubrieron que la vida es para todos, no sólo para las palomas, y que en las alturas se puede observar todo con un ángulo preferencial, pero que es abajo donde está la vida y donde se puede disfrutar.

Nadie las molestó. Nadie las notó. se confundieron con las palomas, y descubrieron que también pueden ser emisarios de paz.

 

Noviembre 13 de 2009

La rueda de la Fortuna

La rueda de la Fortuna

La vida cambia, ni duda cabe.

La ruleta de la fortuna da de pronto un giro inesperado y hay quienes no saben asirse a tiempo y caen.

Otros, siempre atentos, se aferran hasta con los dientes, buscando no soltarse para continuar en el siguiente giro.

Hay otros, los que siempre están atentos a las vueltas de la rueda de la fortuna, y prevén lo que para otros son giros inesperados. Ellos saben que lo importante no es que tan fuerte te aferras a la rueda. Asirse con demasiada fuerza puede significar agotarse en un instante, y en los giros inesperados lo que menos puede adivinarse es el tiempo que duraran.

Puede ser que sea un segundo, un año o toda la vida.

Por eso es importante administrar fuerzas, valorar alianzas y sobre todo conservar la tranquilidad para garantizar la lucidez que se traduzca en buenas decisiones.

Y lo principal, lo que aprenden los ganadores, es que más que la fuerza, importan el equilibrio que puede aplicar cada parte del cuerpo, como un todo, como una unidad.

Vale hasta para eso: importa más la maña que la fuerza.

Y se divierten más.

 

Noviembre 12 de 2009

La enseñanza

La enseñanza

Vamos formados en la fila del banco.
Seguramente la mayoría vamos a dejar nuestro dinero que ya nos gastamos en algo que no podemos pagar de contado y debemos hacerlo poco a poquito, en abono chiquitos y montos difíciles.

Atrás viene ella, toda sonrisas y felicidad, con el único hombre que ahora ocupa sus pensamientos.

Para ella no hay nadie más sabio, ni nadie más guapo, ni nadie que la quiera tanto.

Es mejor que el príncipe azul.

Es tan bueno que hasta le presta su teléfono celular para que ella juegue, y hasta le enseña qué botones oprimir para iniciar la llamada.

Desde sus cinco años, es una maravilla para ella, tener en la mano el celular de papá. Aunque hay trasfondo.
No es el celular lo que ella quiere, sino la atencién absoluta de ese hombre que ahora llena sus anhelos.

Ya crecerá,y entonces sus intereses cambiarán y seguramente será ella quien le enseñe cómo operar cualquier aparato que se invente en el futuro.

Es la vida, le enseñamos a los hijos lo suficiente para que abran sus alas, y sean ellos, cuando alcanzan los altos vuelos, quienes nos muestren el camino hacia aquello que muchos veces no soñamos ni siquiera que existiría.

Noviembre 11 de 2009


 

Mundo imposible

Mundo imposible

 

Fue construyendo su mundo desde la oficina, encerrado en las cuatro paredes y una puerta muy amplia, pero no lo suficiente como para que le permitiera ver como todo evolucionaba sin remedio.

La television y el internet eran su contacto con lo exterior. Desde ahí, sin enfriarse, vio los hielos de Groenlandia, disfruto sin asolearse la vista de la playa eh Hawai, subio sin cansarse todas las cumbres del Himalaya, y vió hasta la mínima expresión de una celula.

Conoció lo que pocos conocen. Siempre encerrrado en sus cuatro paredes.

Así quedó encerrado en su propio mundo, el que él creó en base a lo que había visto, y a lo que recordaba.

Un día, cuando estaba en la punta máxima del poder, empezó a repartir órdenes que nada tenían que ver con la realidad.

Eran cosas que embonaban con su realidad, con lo que le quedó de recuerdos del mundo que alguna vez conoció.

Y pidió imposibles.

 Noviembre 10 de 2009

Culpas compartidas

Culpas compartidas

Con las manos al volante, volteó a su derecha para ver el panorama atrás de su auto. No había nada, sólo una cuenca vacía en el lugar donde debería haber un espejo.

Alguien se lo había llevado. Robado.

Impotente, ante la injusticia, fue y enfrentó al guardia encargado de cuidar el lugar donde había dejado el coche.

De nada sirvio. El hombre puso cara de idiota y se limitó a preguntar: ¿Se lo robaron?

O sea, de nada sirvió.

No es cualquier cosa el espejo de un coche. Es algo que sale del presupuesto cuando uno apenas gana para ir saliendo cada día.

Cuando cada comodidad se vuelve un lujo, porque hay que trabajar mucho para ganarla.

Habrá que esperar el fin de quincena para comprar el espejo. Y quizá hasta dos quincenas.

Todo por culpa de alguien que en vez de esforzarse y trabajar para tener, prefiere robar y aprovecharse de los demás.

Todo por culpa de alguien que quizá lo vio, y prefirio no meterse en problemas.

Todo por culpa de alguien indolente a quien no le preocupó hacer bien su trabajo de cuidar.

Como ven, todos tenemos algo de culpa.

 Noviembre 9 de 2009

La música

La música

Adán pasaba las tardes aburrido, mientras Eva andaba en sus quehaceres.

Cada uno tenía su trabajo, pero a veces no se empataban, y mientras Eva siempre encontraba algo nuevo que hacer, Adán se volvía un manojo de desesperación.

Había muchas cosas que hacer, arreglar, crear, o descubrir, pero había tardes en que Adán sentía no eran para el trabajo. Entonces, dejaba todo, se sentaba a ver las ramas de los árboles, los grillos que pasaban por el camino, o veía como las sombras de los árboles iban caminando sin sentido.

Eso creía él, hasta que un día notó que siempre iban en el mismo camino.

Pero Adán no quería pensar. En esos momentos sólo quería disfrutar la nada, sentir que el mundo era de él y no tenía que pelearlo con nadie.

Una de esas tardes, tomó un pedazo de rama seca que halló frente a él, lo partió en dos,  casi sin darse cuenta, y comenzó a golpear uno con otro.

Salió un sonido seco, casi desagradable. Pero nada había que hacer, así que siguió golpeando los dos palos, sin sentido alguno.

De pronto, algo interrumpió su concentración por un instante, pero volvió a su tarea de desaburrimiento.

Sólo que entonces halló que si se detenía por un instante, los sonidos tomaban un cariz distinto.

Así probó a golpear dos veces, luego hacía una mínima pausa, y volvía a tocar.

Probó varias secuencias, y le gustó. Notó que si golpeaba el tronco del árbol tomaba otro sentido el sonido.

Así pasó la tarde, probando con diversos objetos, hasta que le halló un sentido y aprendió a distinguirlos.

Sólo ocho sonidos distintos encontró, y luego se cansó. Eran suficientes para pasar la tarde.

Había inventado la música.

Noviembre 8 de 2009

Iguales

Iguales

Cuarenta años después de la primera vez que los vio, volvió a verlos juntos.Eran apenas unos seis, pero habían compartido juntos muchos años de vida, en la época más feliz, que es la niñez y adolescencia.

Juntos pasaron los años de escuela, y al llegar al nivel profesional, cada uno tomó por su lado.

Los amigos se volvieron parte de un pasado que se topaba de vez en cuando, cuando caminaba por el pueblo.

Pero la vida le sonrió, y ya no caminaba, sino que pasaba en su coche. Luego el trabajo lo absorbió, y ya ni siquiera atinaba a pasar por ahí.

El destino lo llevó lejos, aunque de cuando en cuando volvía a sus raíces.

Esa tarde, se topó a uno de ellos. Lo reconoció fácil, pues fuera de algunos kilos de más, seguía con las mismas facciones. Era como ver hoy, en el hijo, al papá de antes.

La cita fue inevitable. Esa noche, volvió con los amigos. Los encontró distintos. A unos casi no los reconoció.

Pero eran ellos. Alguno había hecho fortuna, aunque fuera el que más se quejaba. Otro, sólo asentía con ese gesto de quien sabe que las cosas no son toda la verdad que parecen.

Aquel había sido maltratado. Su rostro denotaba más edad de la que tenía, un diente se había caído hace tiempo, quizá en alguna parranda interminable.

Pero conforme transcurrieron las horas, vio que eran los mismos. Aún se insultaban con la misma vehemencia. Se burlaban unos de otros, sin enojarse jamás.

Eran como hermanos, como niños que viven jugando a ser mayores.

Los mismos gestos, las mismas bromas léperas.

Por unas horas, dejaban la madurez que la vida les había dado, y eran como niños grandes, que tenían la libertad de jugar.

Ya no corrían, pero sus bromas seguían siendo ágiles.

Hay cosas que no cambian, pensó.

Afortunadamente.

 Noviembre 7 de 2009