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Crónicas de la Nada

Galletas

Galletas

Hay quien comparte el pan y la sal.

Estos hermanos comparten el hacer el pan. Bueno, las galletas.

Un montón de ingredientes que forman una masa, a la que hay que amasar, valga la redundancia, hasta que toma una consistencia adecuada. Se vuelve moldeable, pero no se deshace, ni se separa.

Darle la forma a las galletas es fácil, siempre hay moldes que ayudan. Lo difícil es darle personalidad a cada una de las futuras galletas.

Ahí entró la creatividad de todos. Cada uno tomó un palillo como pincel, y con un colorante fueron dandole sonrisa a las caritas de Mickey Mouse.

Alguno le puso una bufanda rosa, y otro le alcanzó a poner un moño, con lo que el personaje cambió de personalidad. Ahora el Mickey Mouse se convirtió en Mimí.

Que fácil es cambiar en una galleta. Cada una tuvo su propia personalidad, pues aunque el molde era igual, los acabados  variaron.

Uno quedó con los ojos tan grandes como toronjas, y otros con los ojos rasgados. Galletas chinas podrían llamarse.

Así estuvieron los tres hermanos, entre jugando y creando. Compartiendo su creatividad y su tiempo. Pequeños detalles, semillas que siembran recuerdos para el futuro.

Tan simple que es moldear unas galletas. Ojalá así fuera de fácil moldear a los hijos.

 

 

29 septiembre 2009

La familia de nunca acabar

La familia de nunca acabar

Sólo en las bodas y en los velorios nos podemos juntar, dijeron algunos primos, mientras disfrutaban las enchiladas y los tamales que nadie supo quién llevó.

Se le cumplió el deseo. Una semana después, teníamos boda, y a la siguiente, el velorio.

En tres sesiones, fue como ponerse al corriente con todas. En una familia tan grande, con 12 hijos que tuvo el Abuelo, es dificil juntarlos a todos.

Por eso los primos nos vemos en capitulos, de unos pocos cada vez.

No importan las brechas generacionales, porque ya juntos lo mismo platica la que es abuela que la estudiante universitaria. Y está se mezcla con las sobrinas que tienen su misma edad. O son mayores.

Es tipico de las familias grandes. Conocer a toda la tercera generaciòn es complicado para quien no forma parte de ella.

Más difícil es conocer a la cuarta generación, con tantos hijos que tienen los primos. Un sólo tío presume que aporta 50 nietos. 50 sobrinos en segundo grado. Y me faltan los que aportan los otros 10 tíos.

Un día Maribel se puso a formar el árbol genealógico. Nunca pensó que sería como el sudario de Penelope, porque lo que ella compone a lo largo de los días, algunos primos lo descomponen por las noches, creando más sobrinos.

Creo que todavía lo anda actualizando.

En estas tres reuniones renuncié a conocerlos a todos. Mejor, al que se acerca, le pregunto ¿quién eres, y de quièn e res hijo?

Ya se el nombre de unos diez, y sé de quien son hijos otros 15 o 20. Cuántos me faltan, nunca lo sabré.

Tendríamos que casarnos todos, porque en los velorios nos los llevan.

Y sí, se siguen casando, por eso es un cuento de nunca acabar.

28 septiembre 2009

La belleza de Eva

La belleza de Eva

Mucho tiempo pasaba Eva Pérez embelleciéndose.

Podría pasarse horas en el espejo, no por vanidad, sino buscando la mínima falla en su atuendo, en su persona.

Miraba una y otra vez su rostro. Le disgustaba encontrar cualquier línea presagio de una arruga, y estiraba con los dedos la piel hacia los lados, buscando infructuosamente desaparecerla.

En su cabello ponía una flor, la quitaba y colocaba otra, y así hasta el infinito. Generalmente terminaba poniéndose la primera.

A Eva le gustaba se bella. Que todo fuera perfección en su persona. E inventaba mil adornos con lo que hallaba en Paraíso. Una flor, un hoja de diseño caprichoso. Un bambú delicado.

Natura era pródiga con ella. Le daba mil opciones, y ella las ampliaba con su imaginación, que era más pródiga aún.

Adán no la entendía. Le gustaba su mujer tal como era. Lo demás era innecesario. Es más, pensaba a veces, era más bella entre menos cosas tenía encima.

Para Eva, eso era un sacrilegio. Debía verse bella, aunque no hubiera nadie alrededor más que Adán. Era su naturaleza de mujer.

Adán siempre pensó que todo ese trabajo era para verse bella frente a él.

Eva sabía que todo ese trabajo, era para verse bella, ante ella.

Septiembre 27 de 2009

 

Poderosos

Poderosos

Hay hombres que buscan trascender en la vida.

Los vemos en las fotografías de los periódicos, en los portales de internet y en las noticias de televisión.

Son importantes y los invitan a las fiestas de los poderosos y los famosos.

Ahí vienen de todas partes a una simple ceremonia de alguien a quien no conocen, pero con quien tienen compromiso político, social o económico.

Con ellos o con su familia.

Bendita suerte de poder tomar un avión para ir a otra ciudad por media hora y regresar a casa a dormir.

De tener lo suficiente para comprarle un costoso regalo por puro compromiso. De vestir elegantemente para sorprender y salir siempre diferente en las páginas de sociales.

Me preguntó cuál es el precio para lograr eso. De no tener una vida propia, de no saber a veces qué compromisos hay en el día. Que sea el secretario o la secretaria los que saben cál es el curso del día.

A mí, que siempre tengo tantas cosas que hacer al principio del día, y que dejo tantas cosas pendientes al llegar a dormir, me sorprende.

¿A qué horas ven a sus familias? A lo mejor las ven todo el día en las fotografías que tienen en sus amplias oficinas, pero no ven como crecen sus hijos.

No conocen sus anécdotas más que por pláticas siempre a destiempo.

Habrá quien logre el equilibrio. Pero quienes buscan el poder, generalmente lo olvidan.

En mi caso, nunca seré poderoso, ni tendré tanto dinero para gastar sin pensar en el presupuesto propio.

Pero vi a mis hijos vestidos de tomate y plátano, de revolucionarios, los ví emocionados de amor infantil, los lleve de la mano a descubrir nuevos rincones.

Los escucho contar chistes rojos, sus planes de vida, y voy conociendo pequeños detalles que formarán sus grandes acciones.

Y aún así siempre siento que falta tiempo.

26 septiembre 2009

Las sonrisas

Las sonrisas

Las sonrisas cobran su precio con el tiempo.

Se va formando una línea delgada tras las comisuras de los labios, y en la frente aparecen algunas arrugas de tanto estirar la piel con las sonrisas, y peor si son carcajadas.

Son como cicatrices de la risa. Signos de que hay felicidad.

El que no ríe, se vuelve taciturno, triste, gris. Termina por ser antisocial.

La risa es un mundo de posibilidades. Para las chicas es el mejor maquillaje.

Para los hombres, es la manera de volverse guapo para ellas.

Al viejo lo vuelve joven, y al triste, alegre.

Tiene virtudes sanadoras. El que ríe mucho, poco se enferma.

Los niños que ríen son más sanos, y los adultos que ríen, son más niños. Todos sabemos que solo los niños entrarán al reino de los cielos. Así que la risa nos lleva al Paraíso.

A veces la risa no aparece. Entonces, algo surge por ahi y la hace brotar espontánea.

Hay quien ríe sin reír. Es el humorista –no el chistoso-, que sabe arrancar la risa de los demás de tan serio que es.

Ríe por dentro, para que los demás rían con él.

Luego, deja brotar la risa, cantarina, transparente como el agua de un venero.

Es la risa  vida para todos.

Si. Deja algunas cicatrices con el tiempo. Pero vale la pena.

 

25 septiembre 2009

 

 

Cambio de dirección

Cambio de dirección

Cambio de dirección

A veces los amigos me preguntan por las Crónicas, e invariablmente recuerdan alguna.

Debe ser como las canciones, que nos gustan en la medida que se adaptan a un recuerdo o un deseo, o porque la escuchabamos cuando ibamos a ver a alguien o nos acababamos de enamorar.

Igual esas cronicas de la Nada. Como tengo unas musas traviesas, la verdad es que lo mismo va desgranando su inspiracion en torno a la luna, que en torno a una piedra mal colocada en el camino.

Es la ventaja de la nada. Cabe en todo.

Cuando llego a una reunión, de pronto alguien hace el comentario: ¿cómo vas con las cronicas?

Bien, respondo invariablemente. No puedo ir mal, si las hago con gusto, por el placer de platicar algo al mundo.

Y luego, me dicen que acostumbran leerlas todos los d{ias. Un buen cumplido, lo acept{o y hasta lo disfruto.

No importa que no sea del todo exacto. Sé que las leen, a veces y de tarde en tarde, cuando el aburrimiento los orilla a entrar al internet.

Pero se que no siempre se acuerdan.

De otra manera, me digo, hubieran descubierto que no hay nuevas crónicas en la antigua dirección.

Septiembre 24 de 2009

Los riesgos

Los riesgos

Al verlos con sus playeras de colores, sus mochilas casi vacías y sus 16 años a cuestas, a mitad de un crucero muy transitado, me doy cuenta que han crecido.

No alcanzan todavía las alturas que pueden lograr, aunque fisicamente ya dejaron abajo a más de dos de los tíos, dos abuelos y algunos primos que les llevaban ventaja en la edad.

Parados ahí, esperando una luz roja del semáforo, demuestra que pueden valerse por si mismos, que el mundo no les asusta y que su futuro lo ven promisorio, sin nubarrones.

No hay nada que les preocupe. Ni la falta de dinero, ni la pérdida de tiempo, ni las materias reprobadas, ni los pantalones rotos. Nada. Son felices porque no tienen preocupaciones.

Su mundo nos preocupa a nosotros, los mayores. Hay tantos riesgos que pueden enfrentar. Los malos están en todos lados y no siempre los saben reconocer.

Desde el amigo del barrio que se droga desde los 14 años, o el que les pide sacar una botella de whisky de las que están guardadas en la alacena.

O el que les reta a llevarse una chuchería del supermercado, por mera travesura.

Son muchos los riesgos, pero ellos no los saben.

Nos toca a los mayores preocuparnos por ellos.

 Septiembre 23 de 2009

El camarógrafo

El camarógrafo

La mitad de su vida ha cargado con los 10 kilos de una cámara de video.

Antes era peor, porque la tecnología no lo ayudaba y aparte de la cámara debía echarse encima una casetera de 8 kilos y una pila de dos.

A fuerza de cargarla, no necesita gimnasio para mantenerse fuerte. El puro trabajo basta.

A veces, debe permanecer con la cámara al hombro, inmovil y grabando durante muchos minutos. Media hora, quizá más.

Y ni un momento de la jornada suelta su cámara.

La tarde que chocó, al borde dela inconciencia se aferro a ella, y sólo la soltó cuando vio a un colega, tan experimentado como él.

Requería de unas manos expderta y brazos fogueados para liberarse de la responsabilidad.

Lo conocí al borde de su juventud. Los años hacen mella y él no es la excepción.

Trae las huella de mil baallas y las cicatrices de mil aventuras. Tiene mil historias que contar y se cuentan diez mil más con él como protagonista.

A veces oplaticmos de todo y nada. Porque además, conoce de mil temas y nadie está tan informado como él.

- ¿No te cansa esta rutina, ese peso de la cámara -le dije un dia-, la incomprension salarial, el olvido de las jerarquías?

Antes que me respondiera, vi el cansancio en su mirada.

- ¿Y qué haces cuando te cansas?

Suspiró, como si en el aire que entró en sus pulmones estuviera la fuerza de la rebeldía, el ímpetu de la audacia, y la imaginación de la creatividad.

Luego respondió, con toda la sabiduría contenida:

- Me aguanto.

 Septiembre 22 de 2009

 

El Profe

El Profe

Dice el profe que ya no hay nada que hacer por los muchachos.

Son cabezones, son desobedientes, son casos perdidos.

En su caso, dice que sólo espera la jubilación, para olvidarse de ellos y recuperar la tranquilidad.

No es gratuito su ansia de jubilarse. Platica que una maestra, de tanto lidiar con los muchachos, terminó alterada de los nervios.

Y por ahí anda un montón de maestros con gastritis, con hipertension o con diabetes, producto de los gritos contenidos a los escandalosos alumnos.

Por eso el Profe ya decidio. Apenas cumple los años necesarios, se jubila. Quiere viajar, aunque sea aqui cerca. Quiere tener las tardes libres, ir a presentaciones de libros, a tomar un café y ver como la oscuridad va cubriendo con su manto la ciudad.

Le gustaria ir al cine entre semana, al teatro los viernes, y los sabados descansar.

Y sobre todo olvidarse de las penurias que tienen los salones de clase, para sentarse en un sillón a recordar con nostalgia solo los buenos momentos que pasaba con su alumnos.

 

Septiembre 21 de 2009

Los animales y Adán

Los animales y Adán

Los animales idolatraban a Adán Pérez en el paraíso.

Aunque habían sido desalojados del Edén, por la desobediencia de Adán, encontraron que en el exilio podían divertirse, comer, beber y hasta convivir.

Lo malo fue cuando pasaron a otras generaciones. Se perdió la camaradería que tenía Adán con las primeras especies, y hombres y animales se fueron distanciando.

Después, los hijos de Adán fueron sometiendo a algunos animales, y otros, tuvieron que buscar sus propios espacios. Así se dividieron entre los que aceptaron la domesticación del hombre, y los salvajes, que huyeron para salvaguardar su libertad.

Abusaron los hijos de Adán en algunos casos. Persiguieron a los animales por simplezas como arrancarles colmillos y garras para ponerlos de adorno. A otros los hicieron trabajar como esclavos.

Así los hijos de Adán se sintieron dueños del mundo. Si él lo había sido por su inteligencia, los hijos deAdán lo fueron muchas veces por su maldad.

Pero todo se paga, y así, a lo largo de su vida, tuvieron que asumir el papel que Dios le había reservado sólo a los animales.

Los nuevos adanes trabajaron como burros, pelearon como tigres, se suicidaron como lémures.

Fueron astutos como serpientes, pero igual muchas veces se arrastraron como ellas.

Comieron como cerdos y fueron bobos como bueyes.

Sólo las hijas de Eva los redimieron. Lo compararon con lo mejor de cada animal. La bravura del león, la elegancia del cisne, el arrojo del águila.

Y hasta pudieron transformarlos, a lo largo de un día, en dos o tres especies distintas.

Los hicieron trabajar como asnos, les hicieron sentirse unas cucarachas, pero muchas veces, por las noches, los volvieron a la vida, al decirle: Vengase mi pichoncito.

Septiembre 20 de 2009

Las máscaras

Las máscaras

El rostro malencarado me mira desde la pared.

Otra cara, más amable, le hace compañía. Ninguna sonríe, pues su papel es ser fieros, dar miedo a quienes se acercan a ellos.

Son máscaras que adornan la pared de la casa. Sus mil hendiduras semejan tatuajes hechos con el fin de impresionar a los demás.

Podría decir que son africanas, o de alguna tribu apache, pero la verdad salieron de un mercado de artesanías a la orilla de la carretera. Ni siquiera son de buena madera, porque el material es tan suave, que seguramente es de pino.

Impresionan de todas maneras, aunque no por el tamaño. Son máscaras miniaturas, las primeras de la colección.

La completan otro par de máscaras alargadas, de madera más dura, que llegaron desde Cuba. Esas están en otra pared, desde donde se miran unas a otras.

Ni son amigas, ni son enemigas. Simples adornos de la pared.

Esas completan toda la colección de máscaras.

Aunque quizá, como todos, tengo otras, que porto conmigo. Son las que usó para no descubrir las emociones, para fingir alegría, para ocultar la tristeza, cuando la hay, y el enojo, cuando brota espontáneo.

Esas no cuentan. Esas son máscaras íntimas, y jamás pensaría en tenerlas como colección.

Prefiero las otras, las que están en la pared.

Septiembre 19 de 2009

 

El pasado

El pasado

Si pudiera volver al pasado, elegiría cualquier momento donde no estuviera.

Quizá –si incluyera trasladarse a cualquier parte del mundo- iría a la época donde los mexicanos éramos sólo civilizaciones que buscaban la paz, el conocimiento y la religiosidad.

Los españoles llegaron a echar a perder  todo. La cultura, las construcciones, la medicina, la raza. Todo se destruyó por la ambición de los conquistadores.

Ojalá hubieran sido los romanos los que hubieran llegado, porque ellos respetaron cada civilización y supieron tomar lo mejor de cada una, para mejorarlo.

Los aztecas, cuando dominaron el país, sólo pedían tributo, pero no acababan con los conquistados.

Los españoles que llegaron fueron distintos. Se sintieron dueños de la verdad absoluta y nos hicieron tragar su religión, sus creencias, sus mitos y sus traumas.

Intimaron con las mujeres del país y formaron esa amalgama que ahora somos. No hubo compasión.

Por eso, si pudiera ir al pasado, iría a ver esas culturas que no conocimos. Quizá encontraríamos muchas sorpresas, y hasta aprenderíamos algo.

Veríamos que no eran bárbaras. Simplemente distintas.

Septiembre 18 de 2009

Transformación

Transformación

Cada mañana se subía al camión donde yo viajaba de cabo a rabo de la ruta.

Una chica regordeta, pero sin exagerar. Subia con su cara lavada y los ojos chiquitos, no se si por que así eran, o por el sueño que llevaba en ellos.

A las seis de la mañana siempre viajan los mismos. Si un día no coincidimos en el mismo camión, al otro día lo haremos.

Así fui identificando a quienes subían a esa hora. Algunos se dedicaban a dormir apenas tocaban el asiento. Si alcanzaban.

Otros veían por la ventana. Ella prefería transformarse.

Los movimientos de la unidad no le quitaban ni una pizca de pulso. Empezaba polvéandose la cara, luego iba delineando la sombra de los ojos, algo de chapas, para darle un rubor artificial a lo que escuchará en el día.

Terminaba dandole un color rojo a los labios.

No era un minuto o dos. Lo hacia durante la media hora que el camión tardaba ne llegar a su destino. Al de ella, no al del camiòn.

Cuando bajaba, nadie hubiera reconocido que era la misma que subía unos kilometros antes. No se parecía en nada.

Era otra. Diferente, lista para conquistar al mundo.

 

Septiembre 17 de 2009

Héroes

Héroes

Ya nadie va a tomar un estandarte para lanzarse a una guerra suicida, como lo hizo Hidalgo.

Tampoco habrá quien soporte pelear 11 años en la sierra, a veces sin sentido ni ayuda como lo hizo Guerrero.

Habrá oportunistas, sí, como Iturbide, que aprovechó el momento ideal para cambiar de bando y volverse un libertador.

Es como si los héroes se acabaran. No hay quien acepte ofrendar su vida por el bien común, ni por gente que ni siquiera conoce.

En apariencia, porque la verdad, hay miles de héroes en nuestras calles, en los hogares. Son aquellos que no se rinden ni con la crisis, ni con la violencia, ni con los salarios que no alcanzan.

Son los hombres y las mujeres que siguen luchando, con su granito de arena, para conseguir un mundo mejor que ni siquiera alcanzarán a disfrutar.

Trabajan para sus hijos, o para sus nietos.

Ellos son tan héroes y heroínas como Hidalgo, como Juárez, como Madero. Sólo que las circunstancias son diferentes.

En vez de morir fusilados, lo hacen trabajando, desgastando su juventud y sus fuerzas para que el país salga adelante.

Ninguno cambiará el mundo, en apariencia. Pero su esfuerzo –y su granito de arena- está rodando, y va formando una enorme bola que arrasará con lo malo, e impondrá la razón.

 

Septiembre 16 de 2009

Viajero en extinción

Viajero en extinción

Con un montón de años a cuestas, el hombre aquel iba muy tranquilo en su bicicleta.

Nada más verlo de espaldas, se notaba que es de los muchachos de antes, esos que siempre andaban muy a la línea: Limpiecitos, con la raya del pantalón bien  definida, y una camisa sin mancha, abotonada hasta el cuello, y con las mangas bien abrochadas.

El hombre, de unos sesenta años, de piel morena, curtida por el sol, pedaleaba sin prisas.

No peleaba, ni buscaba adelantarse al paso de los demás. Simplemente pedaleaba, acostumbrado a trasladarse en su bicicleta.

Hay una diferencia abismal entre quienes usan la bicicleta para paseo y quienes la utilizan para transportarse.

Los primeros van sin un rumbo definido, evitan las aglomeraciones, las zonas transitadas.

Los segundos, van con calma, buscan la ruta más corta, y no tienen miedo ni a los camiones ni a los conductores agresivos.

Así aquel hombre. Su actitud exigía respeto de los caminantes y los automovilistas.

Se adentró en el mar de coches que estaban varados por culpa de un chofer mal estacionado, y sin inmutarse, siguió su camino.

Único entre muchos. Viajero en bicicleta de los que ya están en peligro de extinción en esta ciudad.

 

Septiembre 15 de 2009

El novio

El novio

El novio

Esta vez nadie cargó al novio, para llevarlo en procesión por las mesas.

Eran muchos kilos, o quizá los primos y amigos ya no se sintieron con la fuerza para a tentar a la suerte.

Pero si a ellos les faltaban ánimos, a los hijos del novio les sobraban. Tampoco lo cargaron, claro, pero le hicieron una ronda y le llevaron mariachis.

Estaban felices, por él, que durante 15 años, fue padre y madre para ellos.

La vida no fue amable ni con el ni con ellos. La madre, muy joven aún, tuvo que responder al Llamado Divino.

Fue entonces que el padre asumió los dos papeles. Cuatro varones y una niña, aun de pañales.

Trabajó muchas noches para poder estar en la mañana en casa y prepararles el almuerzo, la comida y la cena. Estuvo con ellos en su primer día de escuela, en las fiestas escolares.

Lidió solo con la adolescencia de los cinco, y cambió todo por atender a sus hijos.

Nunca pensó en que les hacía falta una madre.

Tenían una en el cielo, y en la tierra estaba él.

El tiempo se fue llevando los años y lo convirtió en abuelo. Y la vida, que todo paga, le devolvió el favor.

Ahí mismo, a la puerta de la casa, se topó con otra mirada que se acopló perfectamente con la suya.

Se sintió más joven, aunque no se le acabaron ni las canas ni la panza. Su sonrisa, siempre amplia, se volvió diferente.

Una nueva luz iluminaba todo.

Esta vez la boda no fue grande. Apenas unos amigos, unos familiares -los que nunca nos perdemos una- y mucha felicidad.

También más kilos. Por eso no lo cargamos.

Septiembre 14 de 2009

El llanto de Adán

El llanto de Adán

Una de las peores herencias que dejó Adán a sus hijos, fue la maldición de Caín y Abel.
Cuando el primero mató a su hermano, Adán perdió a los dos. Uno bajó a la tierra, a hacerse el polvo que siempre fue. El otro, desterrado, donde nadie supo más de él, y donde cualquiera podía cobrarle la deuda.
Huyó Caín, murió Abel, y Adán sufrió.
Desde entonces, miles de veces la mano de Caín se ha alzado contra la de Abel. Todos somos hijos de Adán, así que cada vez que alguien ataca a su hermano, se convierte en Caín.
Hay quien sufre ambas cosas. El dolor de ver convertido a un hijo en asesino, y el dolor de ver muerto a otro hijo.
Caín ya no huye. Entra a la cárcel. Y ahí, el nuevo Adán va lo visita y sufre con él.
Abel, en cambio, sigue muriendo. El nuevo Adán va y sólo encuentra de él una lápida fría, sucia, abandonada.
Un nombres es el único indicio de lo que un día fue el hombre.
Es la ley de la vida. El brazo de Caín seguirá levantándose contra Abel, una y otra vez.
Y siempre, Adán será el que llore.

Septiembre 13 de 2009

El Orgullo

El Orgullo

Si la vida los tumba, el orgullo los levanta.

Viven en su mundo, donde ellos son perfectos, y donde tienen el toque de Midas para convertir en excelencia cualquier cosa que toquen.

Es su percepción muy personal, porque hacia afuera, todos los ven como engreídos. Y a veces como ineptos.

Tarde que temprano sus fallas son tantas y tan evidentes, que terminan por quitarlos del lugar que ocupan. Pero aunque caigan, el orgullo y su egocentrismo los levanta y los hace volar de nuevo.

Eso sí, los vuelve humildes provisionalmente. Se nota su caída próxima porque cambia la actitud. La prepotencia que los caracterizaba se vuelve amabilidad.

De pronto todo son sonrisas, ansia incontrolable de agradar a aquellos a quienes más agredía, y que generalmente son quienes menos pleitesía le rindieron durante su reinado.

Cierto, entre más alto vuelan, o creen que vuelan, duele más el golpe al llegar al suelo.

Pero el orgullo los levanta, los hace sacudirse el polvo, y en su candidez vuelven a creer que son los mesías de un nuevo proyecto.

Sepiembre 12 de 2009

Las dos torres

Las dos torres

El mundo amaneció lloviendo en Monterrey el 11 de septiembre del 2001.

Quizá llorando por adelantado por los dos mil 973 personas que morirían ese día en el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

Pocos sabían que el mundo había cambiado un segundo después de las 8 de la mañana y 46 minutos, tiempo de Nueva York, cuando el primero de dos aviones se estrelló contra las Torres Gemelas del compleo del World Trade Center donde se calcula había en ese momento unas 16 mil personas.

El mundo amaneció ajeno a las intenciones de los terroristas de al Qaeda. En Monterrey, los medios de comunicación se empeñaban en llegar hasta los hogares más desprotegidos, donde ese dia despertaron con las camas flotando sobre el agua que entró en sus viviendas.

La zona poniente del área metropolitana estaba incomunicada por las inundaciones, pero algo hizo olvidar su tragedia. Un reporte llegó a la redacción de todos los medios de comunicación para notificar que un avión se había estrellado contra una torre gemela.

Eran las 8.46 horas con tres minutos. Todo parecía un trágico accidente.

Pero unos 17 minutos después, a las 9.03 horas, las cámaras de televisión captaron y enviaron a todo el mundo, en vivo, el segundo avión que se estrellaba contra la otra torre. Ya no cupo duda, era un atentado terrorista.

los ojos del mundo se posaron sobre el Complejo del World Trade Center, y pudieron ver como las 9 con 59 minutos la Torre Sur se derrumbaba, luego de 56 minutos en llamas. A las 10.28, la Torre Norte siguió la misma suerte, y horas más tarde, a las 17.20, cayo el tercero, el edificio World Trade Center 7.

Pocos sabian que en ese momento el mundo estaba cambiando. A partir ee ahí se desato una psicosis contra el terrorismo.

Viajar en avión ya nunca será tan simple, por que la medidas de seguridad se volvieron extremas. En el atentado murió gente de todo el mundo que trabajaba en el World Trade. Los países enfrentaron juntos por primera vez la amenaza del terrorismo, e iniciaron una guerra sin cuartel contra él.

Han pasado 8 años. Tiempo suficiente para que el mundo retomará el curso que llevaba antes de los atentados, pero no lo ha hecho.

Los cambios, sin duda, fueron para siempre.

 

Septiembre 11 de 2009

Direcciones

Direcciones

Desde que lo conozco Jonathan vive en la misma casa.

Hace rato, porque en aquel entonces era un parvulito que llegaba con ansias de novillero a triunfar en un mundo desconocido.

Su mundo no era muy amplio, pero lo ha ido estrechando.

Vive en la misma casa, pero de entonces a la fecha ha tenido un sinfín de direcciones electrónicas.

Se van haciendo obsoletas, o antifuncionales, y todos optan por cambiarse, como antes lo hacían de casa. Ahora lo hacen de correo electrónico.

Algún día los primeros correos serán quizá una curiosidad arqueológica perdida en alguna red de la internet.

Entonces tal vez serán valiosos. Por ahora, el cambiar, solo sirve para perderlos.

Septiembre 10 de 2009