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Crónicas de la Nada

Crónicas de la Nada

Voluntad

Voluntad

Volver a tomar la pluma es difícil.

Más cuando todo es figurado, porque ahora, todos escribimos sobre el teclado.

La pluma se queda generalmente secando su tinta en el fondo de algún cajón, y vuelve a brotar, mucho tiempo después, cuando buscamos algo que perdimos.

En este oficio nunca dejamos de escribir, pero casi siempre somos sicarios de la pluma. Escribimos bajo pedido, por encargo, para un patrón. Miles y miles de caracteres diarios, van dejando huella en los sillones de la redacción, y callos en las yemas de los dedos y en el trasero de los periodistas.

Horas sentados tecleando palabra tras palabra. Todas por encargo –y por ocurrencia- de alguien.

Quedamos tan fastidiados, ahítos de redactar, que olvidamos que el escribir debe nacer de una combinación de creatividad, inspiración y dedicación, acrisolada en el alma de cada uno.

Escribir, plasmar pensamientos, darles forma  e irlos hilando, hacerlos coherentes, lleva tiempo, exige esfuerzo, y pide exclusividad por un buen rato. Difícil cuando el teléfono suena cada minuto, y cuando todos reclaman atención.

Pero vale la pena el intento. Aquí no hay miserias intelectuales.

Es cuestión de voluntad.

 

Marzo 24 2010

Los muertos

Los muertos

Siempre me he preguntado de que sirven las flores y las misas a los muertos.

A las primeras ya no pueden verlas ni olerlas, y da lo mismo estar en un jardin que en una bodega. El que esta muerto ya no lo sabe ni lo siente.

Las misas tampoco ayudan mucho, porque todo se hace en vida, hermano, en vida. Al final del dia seran las obras buenas y malas las que determinen si el difunto se gano una suite en el cielo, o una celda en el infierno.

El Gran Juez no se deja sobornar ni con diez mil misas, si el procesado incurrio en atentados a terceros. No habra justicia mientras no haya suficientes obras buenas que equilibren la balanza y la inclinen al otro lado.

Mandar oficiar misas por la salvacion del alma de los que se fueron, es tan inutil como llevarle flores a una tumba muda e indiferente.

Tal vez todo eso no sea por los muertos y la salvacion de sus almas, sino por los vivos y la tranquilidad de sus conciencias.

 

 

Añoranza de la rutina

Añoranza de la rutina

   En sus ojos asomó la nostalgia cuando vio lo que era su casa.

   Iba en el camión, seguramente cuidando la ventanilla del lado derecho para tener el campo libre para ver su casa cuando pasara junto a ella.

   Lo ví mientras hacia alto en la esquina donde él vivía con su esposa y sus dos hijas. No me vió, porque sólo tenía ojos para lo que fue su casa, tal vez con la ilusión de verlas.

   Era mi vecino, un tipo de mediana edad, obrero, hombre simple sin muchas pretensiones en la vida.

   Tenía muchos años trabajando en el mismo lugar, el mismo departamento, los mismos compañeros, la misma rutina.

   En sus vacaciones, largas como una espera, pasaba las horas sentado en el frente de su casa. Si había algo que reparar, lo hacía y volvía a su inmovilidad. Sacaba a pasear a sus hijas y volvía  su lugar. No necesitaba mucho para ser feliz, sólo su rutina.

   Un día se la quitaron: lo mandaron a otro departamento a fabricar otra cosas, con otra gente, con otra rutina.

   Su espíritu no soportó mucho la idea. se volvió inestable, nervioso, insomne, huyendo siempre de sí mismo.

   Terminó en el manicomio, y su mujer, joven y sola, olvidó enseguida la promesa de estar con él en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad.

   Lo llevo, cuando salió de la llamada casa de la risa, a casa de su madre, y ahí lo abandonó. El pobre hombre se quedó de pronto sin nada: sin trabajo, sin mujer, sin hijas, sin casa, sin rutina.

   A iniciar de nuevo. A crear la nueva rutina, la nueva vida,

   En eso está. Por eso aborda el camión urbano que pasa por la que fue su casa, para ver, con los ojos de su nostalgia, los rescoldos de la rutina que lo hizo feliz.

 

 

 

Escritor

Escritor

Cualquier puede ser escritor.

De hecho, cualquiera lo es. Basta. Más que talento, perseverancia.

Primero para escribir, porque no es tan simple como sentarse y esperar la inspiración. Eso es para los poetas, que van buscando la musa en cada cosa que ven.

Los escritores son de perseverancia, de técnica.

Hay que escribir, primero, antes que nada. Formar la idea, bosquejarla, pensarla, crear los personajes, y luego, cuando está todo, sentarse frente a la hoja y la pluma, la máquina de escribir o la computadora.

Se pueden pasar las horas sin encontrar las palabras adecuadas. Ni siquiera cómo empezar.

De pronto, surge un torrente de inspiración, las ideas brotan por doquier, las palabras se atropellan, y se va formando el texto.

No significa que esté bien. La verdad, eso no significa nada. Son palabras.

Como los pasteles, hay que dejarlas reposar, para luego, sin la efervescencia que da la inspiración, verlas en su real magnitud.

Muchos escritos irán al bote de basura. Otros pasan la prueba, la primera, porque luego hay que ver la opinión de los demás.

Los escritores reales, pasan horas escribiendo. Para ellos es un trabajo de diez o doce horas diarias.

Por eso no es fácil ser escritor. Además de creatividad –que todos la tenemos en un rato de inspiración- se necesita conocimiento, estilo, perseverancia y mucho sudor.

Por eso, no cualquiera es escritor, y a veces termina siéndolo cualquiera que debió dedicarse a otra cosa.

 

3 febrero 2010

El león

El león

Enorme y simpático, es todo alegría.

Una sonrisa permanente adorna su semblante,  y lo hace amable a los demás, que le saludan tímidamente a lo lejos. Sólo los niños se le acercan, lo tocan, lo saludan chocando sus manitas con sus enormes garras.

El león, feliz, les revuelve el pelo con sus manazas, y no deja de sonreír.

Si fuera real, sería una fiera. Pero este león es pura miel y sonrisa perpetua.

Ronronea con los pequeños, juega con ellos, corre para que no lo alcancen, y les recomienda que se porten bien.

Bajo la piel del león, hay alguien que sabe ser niño todavía. Pero es mal visto que los adultos seamos como niños, por eso él se viste de león para hacerlo.

¿Quién es capaz de enfrentarse a un león?

El león es feliz. Es fuerte y fiero y por eso puede permitirse ser inocente.

Es un niño con piel de león.

 

Febrero 2 de 2010

Calendario

Calendario

Acabo de arrancar la hoja del calendario.

Un nuevo mes aparece en la nueva página. Se han ido 31 hojas, 31 días, 31 oportunidades de vivir intensamente.

En la perspectiva que da el presente, el pasado siempre nos parece mejor. Y siempre, al mirar la agenda de la vida, sentimos que se quedó vacía.

Si no sabemos a dónde van los muertos, menos sabemos a dónde van los días pasados. Hurgamos en la memoria, y sólo encontramos unos pocos. Los demás, se pierden, invariablemente.

Si nuestro cerebro tiene tanta capacidad de almacenaje, porque no recordamos nada. Será que el tiempo lo borra, será que no lo grabamos bien en la mente. Será que vivimos superficialmente.

Cayó una hoja más del calendario,  y con ella se fue un mes. Con ella se fue un jirón de vida. Con ella se fueron esperanzas, proyectos, oportunidades.

A cambio nos deja unos pocos recuerdos. Vaga recompensa a nuestros afanes.

Veo la nueva hoja. Esta vez, no dejaré que se vaya tan rápido, y tampoco dejaré que ninguna de las que aún no asoman, sea tan anónima como las que ya se fueron.

 

Febrero 1 de 2010

La Abuela

La Abuela

No hay sábado sin sol ni domingo sin borracho, decía la Abuela.

Igual decía muchas cosas. Todas ciertas, según fui entendiendo con el  tiempo.

En sus frases traía la sabiduría que dan los años, no la escuela. Nunca fue a las aulas. En sus tiempos la vida era de trabajo, y la única escuela que podían tener era la de la vida.

Por eso la Abuela no sabía leer ni escribir. No conocía ni la o por lo redonda, decía siempre.

Para ser sabio uno no requiere escuela. Sólo vivir. La Abuela vivió muchos años, más de cien. Y muchos sufrimientos y dificultades. Pero sola pudo sacar adelante a sus hijos, y los hizo hombres de bien.

Tanto la respetaban, aún cuando era una ancianita de apenas un poco más de un metro de estatura, que el tío Poncho alguna vez casi se come el cigarro cuando la Abuela apareció de pronto junto a él mientras fumaba en la calle.

Era sabia la abuela, ahora lo comprendo. Por su vida y por la sabiduría que heredó de sus antepasados, que le fueron transmitiendo miles de conocimientos que parecían insignificantes. Desde trabajar duro para vivir, hasta conocer que la neblina en las mañanas no trae lluvia, sino sol.

Muchos años vivió. Sufrió guerra, hambre, viudez, pobreza. Pero sobrevivió para ver a sus tataranietos crecer.

Y enseñarnos que la sabiduría llega con la vida, pero vale escuchar a los viejos, para aprenderla mejor

Enero 31 de 2010

 

 

Lector

Lector

Dice Catón, el colmnista, que tiene cuatro lectores.

Muy fieles deben ser esos, ya que lo leen en más de 150 periódicos por todo el país.

Leyéndolo, que no escuchándolo, pienso que le va bien. Yo apenas tengo un lector en las crónicas de la nada.

Y como soy yo mismo, que de cuando en cuando me pongo a leer mis propias ideas, pues seguramente no vale.

Si es preocupante tener sólo cuatro lectores, más lo es tener uno solo. Con la ventaja que el mío no reclama si no encuentra una crónica. Cómo, si en el pecado llevaría la penitencia.

Un solo lector, pero eso sí, bien asiduo.

Enero 29 de 2010

Extravagancias

Extravagancias

Era un hombre bastante maduro, aunque fuerte aún con sus siete décadas encima.

Saludaba con una energía que impresionaba, seguramente a propósito, aunque no tanto como su apariencia.

Alto, muy sonriente, usaba unas gafas de montura gruesa, que en ese entonces estaban pasadas de moda, pero que con el  tiempo volverían.

El pelo blanco, totalmente, engomado y peinado impecable hacia atrás, hasta terminar en una ondulación hacia arriba, como una cola de pato.

Ahí terminaba la normalidad.

Generalmente vestía un traje de terlenka, siempre de colores llamativos como azul eléctrico, morado, rojo. De pantalón del mismo color o blanco, a veces traía camisa a rayas, que no se por qué, le ponía la cereza al pastel de su indumentaria.

Zapatos de charol, invariablemente. A veces blancos, a veces de dos colores.

Alguna vez alguien se atrevió a preguntarle qué lo impulsaba a  vestir así, tan diferente a los demás.

-         Si en la mañana tienes valor de ponerte este, a lo largo del día nada te detiene – decía sin perder la sonrisa ni sentirse ofendido.

Hace tiempo de eso. Seguramente ya no está con nosotros.

Pero vale seguir el ejemplo, haciendo alguna extravagancia todos los días.

Enero 28 de 2010

Con ángel

Con ángel

   Hay gente que tiene la sangre liviana.

   Quien sabe por que, pero caen bien, así a simple vista.

   Es fácil llevarse con ellos, y nos hace sentir cómodos. Transmiten confianza y alegría.

   Y no son necesariamente los más atractivos o elegantes. Igual pueden estar gorditos, y tener la sangre liviana. Muchos de ellos son desaliñados, o a simple vista son como cualquier mortal común.

   Pero al tratarlos, nos caen bien, así a primera vista.

   Tienen la sangre liviana. Hay quien dice que tienen "ángel". Los psicólogos le llaman carisma.

   Hay quien transmite esa personalidad incluso a través de fotografías o la pantalla de televisión o cine.

   Es un estilo de vida, generalmente espontáneo. Tienen siempre un punto de vista positivo ante todas las facetas de la vida, y eso lo transmiten, por eso desde que aparecen, la alegría y el positivismo que irradian nos contagia, y es confortante estar junto a ellos.

   Todo lo contrario de quien siempre ve el lado oscuro de la vida. Esos nos causan un rechazo inexplicable. Son los que decimos que tienen la sangre pesada.

   Definitivamente, preferimos a alguien con la sangre liviana, que nos caiga bien, aunque no sepa hacer nada, más que transmitirnos confianza

 

 

Enero 27 de 2010

Sangre Azul

Sangre Azul

     Sabe que Tiffany se escribe con doble F y con Y.

     Para él, Nueva York tiene la misma accesibilidad que para los demás tiene la cocina de sus respectivas casas.

     Conoce a todos los que salen en las revistas de la alta sociedad, y su comida la prepara la muchacha, no su mamá.

     Los altos empresarios son sus tíos o amigos de sus papás y los puede ver cualquier  sábado de convivencia.

     En síntesis, dicen los demás, es de sangre azul.

Caprichos de la vida, o personales –vayan ustedes a saber- optó por trabajar como Juan Pueblo. En una profesión que no hace rico a nadie.

     Ni siquiera es artista, aunque ande en la farándula.

     Como el hijo del cartero, o el del soldador, sale cada día a cumplir su trabajo. Pero enseguida se nota que su ropa vale mucho más de lo que gana en una semana, y que su reloj vale varios meses de trabajo de sus compañeros.

     Causa sensación, y las gallinas se alborotan a su alrededor, como dice alguien.

     Sencillo, sólo sonríe y deja pasar.

     Una cosa es que se junte con el proletariado y otra cosa es que acepte revolver su sangre azul con la prosaica y colorada substancia que corre por las venas de los demás, dicen sus detractores.

     Tal vez sí, tal vez no.

     Lo cierto es que ya revuelto en el gallinero, todos tienen que comer, y si algunos evitan el maiz simple, y prefieren el selecto, al final, su cuerpo produce el mismo maloliente producto.

 

Enero 26 de 2010

Ventajas de la Nada

Ventajas de la Nada

     La ventaja de escribir de la nada, es que se puede escribir de todo. A final de cuenta, todos somos nada.

     Quizá por ahora brillemos, hagamos bulto, o simplemente estorbemos, pero al irnos, así sea a casa, nos volvemos nada. Ni siquiera humo, porque éste permanece, metiéndose por la nariz y los ojos hasta causarnos estornudos y lloriqueo.

     Nada, simplemente nada.

     El que escribe de política tiene que tomar bien su tema, pensarlo, analizarlo, compararlo y luego irlo armando, frase por frase. El que escribe de literatura, primero tiene que esperar a que brote la inspiración.

      Luego soltar lo que siente el corazón, y pulirlo con lo que piensa su mente.

     Complicado.

     Por eso es preferible escribir de la nada, eterna compañera. Es nada y es todo. Es todo y es nada.

 

 Enero 25 de 2010

 

Ilogicidades

Ilogicidades

Hay cosas que no comprendo en este mundo donde me toco vivir.

No se trata de misterios como la vida o la muerte, ni los enigmas divinos,

No, eso existe y es.

Lo que no comprendo es la ilógica con que veces me topo.

Pienso en ello mientras entro a la sala de urgencias de una clínica.

He estado muchas veces en esos lugares, a veces para ver por un instante de contrabando a alguien querido, o para darle ánimos en ese trance siempre angustiante de llegar con un mal desconocido a un hospital, sintiendo que la muerte nos sigue los pasos con una sonrisa de compasión.

Otras ha sido para robar historias que plasmar luego en el papel.

Igual, una y otras veces, hay que entrar sin que se note, casi invisible. No es fácil cuando tienes el cuerpo de un luchador en conserva, pero con cierta práctica se logra.

Esta vez entró con autorización, pero solo. En la entrada, me detiene un guardia, y con voz golpeada me pregunta a dónde voy.

Ese tono deben enseñárselos en alguna academia, porque todos los guardias hablan igual. Como que es manejo de voz, porque a la gente común le hablan con mucha autoridad –aunque no la tengan- y a los jefes, con una voz casi susurrante.

Lo que no sabe este, que estoy curado de susto, pero eso no debe hacer perder la amabilidad. Aquí no hay pleito que buscar.

Se me para enfrente, y me obliga a bajar exageradamente la vista, para encontrar su mirada. Desde arriba, se ve gracioso con su uniforme muy limpio y planchado, el pelo crespo domado a base de  kilos de gel, y una voluntad que rebasa su metro y medio de estatura.

He ahí lo ilógico de la cosas de este mundo. ¿Cómo piensan que este hombre miniatura podría controlar a tipos violentos que podrían doblarle en peso? ¿Será acaso Bruce Lee resucitado en versión mexicana?

No lo averigüe. Por esta vez, ganó la cordura.

 

 

Enero 23 de 2010

 

 

El amor en los tiempos de influenza

El amor en los tiempos de influenza

El amor en los tiempos de la influenza no existe.

Medio mundo te rechaza, te evita, te retira casi el saludo.

Mitad jugando, mitad en serio, mucha gente optó por saludarnos de lejos cuando supieron que habíamos convivido con el alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal Bretón en los días que anduvo incubando el virus del AH1 N1.

Vivir así es difícil, así que no hubo más opción que acudir a un examen que lo confirmara o descartara.

Los periodistas somos gente de alto riesgo para las enfermedades, sobre todo si se trata de virus. Donde quiera que esté la enfermedad, vamos a ella. Saludamos a decenas de personas al día, así que es cuestión de dos o tres para que tengamos entre manos cualquier enfermedad.

Eso mismo nos inmuniza, y soportamos mucho más que cualquier mortal. Por eso cuando me avisaron que Larrazabal Bretón estaba enfermo, pensé en un examen, más para tranquilidad de los demás que de la propia.

Lo que no sabía es que al portador del virus el mundo lo aísla. Más si el Arquitecto Héctor Benavides lo anuncia a las siete y media de la noche por su noticiero. A las ocho de la noche, todo el que te veía, lo hacía con desconfianza. Hasta el de la gasolinera donde vas cada semana.

En la cárcel y la influenza se conoce a los amigos. Son los que se arriesgan a que les pases el virus, aunque primero te ven si andas sano. Salvas la situación haciendo bromas de ti mismo. Por los que no andan tan confiados.

Sobreviví a la noche y a una reunión sin problemas. Amaneció, y mi nariz seguía seca. Buena señal. Pero aún retumbaba en los oídos la orden tajante y florida de José de la Luz Lozano: Hágase un examen.

Corregí agenda, y subí al principio el ir a un examen.

José Juan, el camarógrafo, Jorge el fotógrafo y yo, hicimos del auto un ghetto personal, y nos fuimos al examen.

Un equipo de gente de bata blanca nos esperaba. ¿Tan grave es esto?, pensé.

No. Al menos en el saludo, vimos que a estos ni se preocupaban.

Nos platicaron un montón de cosas sobre el AH1 N1, de cómo es más el miedo de la gente que lo problemático del virus. En fin, ya ni nos acordábamos que andamos propensos.

Una joven enmascarada nos recordó que éramos conejillos de indias. Nos pasó a un cuartito ocupado por una silla, un escritorio y un montón de muestras.

Juan José, con la cámara en ristre, nos siguió, preparando la imagen. Nunca pensé que mis fluidos nasales fueran a salir un día en televisión. Una anécdota más que contar en alguna noche de bohemia.

- Es muy sencillo –dijo la chica, mientras preparaba un hisopo del tamaño del miedo para introducirlo en mi fosa nasal –Lo que voy a hacer es un raspado – (¡en mi nariz!), voy a introducir este hisopo en su nariz, es un poquito incómodo.

Un poquito. Para ella, claro, que le toca ser el torero y a mi recibir la estocada. Pero antes que pensara, ya estaba removiendo mis pensamientos con el cotonete bien metido en mi nariz.

Un segundo, dos, tres. Aguanté el estornudo, y ella mantuvo la estocada. Al fin, sacó el algodoncillo casi igual que al principio.

-           Ya ve- dijo ella, pero yo entendí: ¿No que muy valiente?

El hisopo fue a dar a un tubo de ensayo, a esperar que hiciera reacción. Diez minutos nada más. Diez minutos esperando el veredicto. Culpable o inocente. Sano o enfermo. Reintegrado a la sociedad o proscrito por cinco días igual que el alcalde Larrazabal Bretón.

Salí mientras hacía efecto el químico. Afuera, otros reporteros de la fuente esperaban su turno, junto al personal del municipio. –Duele mucho- le dice a la más asustada, acercándome a su oreja. No me espere a ver si tembló.

La espera pudo ser eterna, pero sólo duró diez minutos. El médico salió sonriente, como si la cosa no fuera con él. Alcance a escuchar mi nombre, y luego el de mis compañeros.

- Salió negativo.

Lo dicho, esta profesión, te hace inmune. A virus y a políticos.

 

Enero 22 de 2010

En el amanecer

En el amanecer

Fue tan difícil abandonar la cama cuando el sol aún no aparecía por la ventana.

Obscuridad total, silencio absoluto. En la ciudad, ni los grillos se escuchan, porque no los hay.

El ritual de siempre. Encontrar la puerta entre las tinieblas, abrir la regadera, sentir el agua –fría esta vez- recorrer cada pliegue del cuerpo. Planear el día, Vestirse y tomar algo antes de salir a la calle.

El día es apenas una promesa. Pocos se atreven a desafiar la hora. Las montañas que resguardan la ciudad, apenas dejan escapar unos pocos jirones de la luz de un sol que se antoja lejano.

La penumbra envuelve a la ciudad, la cobija, la acaricia. Adelante, un sendero de luces marca los caminos a explorar.

Al salir a la avenida, se descubre la majestuosidad de la Ciudad, ahora con mayúsculas. En el escenario central, la montaña se destaca en el trasluz del amanecer. La forma que le da nombre se recorta perfectamente. Es un espectáculo por si sola.

Las otras montañas también presumen su figura. Una acompaña todo el camino, interminable en la serie de picos, que semejan dientes combinados con letras. La otra, nos sigue un tramo, y luego dice adiós.

Una bandera sin viento se adivina sobre el cerro que se posesionó del centro de la Ciudad. El viejo Obispado la custodia y le hace los honores.

Algunas lomas insertadas a lo largo del camino, brillan por las luces de las casas que empiezan a despertar.

La silueta de los edificios compite con ellos, ostentosos en su altura y sus luces cuadradas.

Y debajo, un jardín de luces de mil tamaños ofrece la bienvenida.

Es la mejor hora para apreciar la Ciudad, adivinarla en sus rincones, y amarla entre sus calles perdidas.

Sin pudor alguno, somnolienta y despeinada, nos muestra sus secretos y nos ofrece su inocencia.

Es sólo unos minutos. Ya amanecerá y otra vez será gris, tal y como la verán los dormilones.

Pero nosotros, los madrugadores, sabremos que es bella.

 

 

 

 

Enero 21 de 2010

Compañero

Compañero

Si todas las cosas se parecen a su dueño, este termo verde y plateado debe ser la reencarnación –en versión cachivache- de su dueño.

Es práctico, porque se acomoda en todos lados. Lo mismo en el compartimiento de una mochila, que en el bolsillo del pantalón, o entre un asiento y la palanca del freno de mano en cualquier coche.

Tiene su propio espacio en las cosas de su dueño, pero en el mundo, siempre encuentra como acomodarse.

Generalmente va acompañado de café con aroma a hogar, pero también acepta todo tipo de bebidas. Como su dueño.

Ha recorrido medio mundo, viajando por todo México y algunos países. Lo mismo sentado en el malecón habanero una noche de parranda interminable, que en la fuente de una pequeña plaza de un pueblo perdido en las montañas potosinas.

Compañero fiel, siempre está junto a su dueño. Han recorrido miles de kilómetros juntos, en la ciudad, y en el mundo.

Tanto camino no ha sido incruento. Luce algunas abolladuras, una cuarteadora a todo lo largo, como cicatriz que confirma sus aventuras.

Muchas veces se ha quedado perdido, solo, en algún escritorio o en un auto ajeno. Y siempre ha vuelto.

No es eterno, y un día quedará inservible. Por ahora, derrocha fidelidad. Ya el mañana, nadie sabe si lo vivirá, ni él ni su dueño.

  

Enero 20 de 2010

 

El regalo

El regalo

No era muy grande el regalo, pero para el pequeño, que nunca recibía nada, era como si un rey de la antigüedad estuviera compartiendo con él su tesoro.

Para los mayores, quizá era un acto de caridad, de esos que nos ayudan a tener tranquila la conciencia.

Aprovéchate de muchos, y dale algo a unos pocos. Pero que todos los vean, para crear imagen de benévolo.

Al niño nada de eso le interesaba, sólo el regalo que le dieron. Lo vio con ansia desde el primer minuto, seguro de que era para él.

Intentó adivinar qué era, pero no pudo. Eran tantas sus necesidades, sus deseos, que todo quería.

Optó por esperar a que se diera el protocolo, las fotos, los discursos, y al fin, recibió su regalo. Balbució un gracias, y abrió goloso la bolsa que le dieron.

Era un juguetito y unos dulces. Suficiente. Para el espíritu infantil, era suficiente. Si hubiera sido sólo una paleta, lo hubiera gozado igual.

En su vida nunca había recibido nada comprado especialmente para él.

Un juguetito tan simple, que los hijos de quienes se los dieron, seguramente ni lo hubieran tomado.

Pero para él, hijo de la pobreza, era un logro tenerlo. Quizá dentro de 50 años, ahí lo tendrá.

Y si no lo conserva, porque la pobreza todo arrebata, seguro lo recordará.

 

Enero 19 de 2010

 

El Hombre

El Hombre

Frente a una escenografía donde apenas es perceptible, el hombre espera, pacientemente, a que un pez muerda su anzuelo.

Frente a él, el mar azul, hermoso, de Caribe. Tras él, una ciudad que alguna vez fue majestuosa, pero que hoy, entre el descuido, la carencia y la política, se sostiene a punta de dignidad.

El hombre está absorto en su espera. Quizá de eso dependa que su mesa tenga el pan de cada día. Quizá en casa hay hambre y el sacrificio de ese pez será la salvación de una familia.

El Mar lo contempla, con misericordia. Es apenas un punto frente a su inmensidad. La Ciudad lo ve con nostalgia. Es apenas un instante frente a su historia.

El hombre no sabe eso. No lo piensa. Su mente está concentrada en el tirón de la cuerda que le dirá que habrá comida en casa.

No es tan viejo como el pescador de Hemingway, pero muestra la misma perseverancia. Ya no es el infante azaroso y lleno de una visión de asombro al que Cabrera Infante descubrió en ese mismo lugar.

Es un hombre como tantos que hay, preocupado más por la supervivencia que por la poesía y la hidalguía. Nada se da, si antes no hay un estómago satisfecho.

Pero la foto tiene poesía. Porque frente a la grandeza del mar, y la majestuosidad de una ciudad que fue considerada la Perla del Caribe, con orgullo y perseverancia, el hombre logra colarse a su misma altura.

 

Enero 18 de 2010

El hombre de la Estrella

El hombre de la Estrella

 (Visto antes de la Navidad)

 

Montado en lo alto de un pino gigantesco, el hombre aquel juega a ser dios.

Desafía la altura, que a otro le haría caer de vértigo, para hacer un pequeño universo sobre la punta del árbol.

Ni siquiera es natural el pino sobre el que está trepado. Él mismo lo hizo en esa inspiración pseudodivina, y lo fue creando, hilando cada rama con un sinfín de hilos verdes, algunos dorados, y una paciencia sin límite.

Ahora está en el punto final, en el retoque que le dará una personalidad propia a lo que dos días antes era un simple vástago inoperante, un ramo de luz difusa que intentaba rivalizar con los astros celestiales, y que sólo conseguía perderse en la vastedad del firmamento.

Ahora el trabajo de este hombre le ha dado vida, se ha convertido en el árbol del bien y del mal, aquel mismo que fue el culpable de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, y que ahora busca redimirse albergando la estrella que anuncia la llegada del Salvador de la humanidad.

Allá en lo alto, el hombre se afana sin saber que lo hace por una redención. Sólo pone su mejor esfuerzo, para hacer bien su trabajo y para regresar a tierra -su mundo- sano y salvo.

Para él también hay redención en su obra. Nadie más se atreve a desafiar esa altura, ni a enfrentarse al riesgo que hay detrás de ese arnés que lo sujeta por la cintura.

Cada quien se gana el pan como puede o como se atreve, piensa el hombre mientras sujeta la estrella a su universo ficticio, seguro de que el oficio le dará para llevar el pan a casa, y que en la nochebuena su mesa tenga el alimento y amor que sus hijos piden,

Sujeta la estrella y asegura el arnés.

Le gusta jugar a ser dios, pero sabe definitivamente que en el juego no entra la inmortalidad.

 

Enero 16 de 2010

 

Compañeros

Compañeros

 

Compañeros

 

A los amigos no se les abandona.

El perrito lo sentía. Unido a su amo por una correa que le impedía salir corriendo y cruzar las avenidas que circundaban el lugar donde hacía guardia, se debatía de cuando en cuando, pero escuchaba la voz que le decía: tranquilo.

Ambos son jóvenes. Cronológicamente y comparativamente.

La vida y la audacia bulle en el pecho del perrito y en la sonrisa del adolescente que lo contiene en su audacia aventurera.

El perrito no debe correr. Se le nota en la patita izquierda, que trae cubierta por una cinta plateada. Se lástima la pata, y su amo la entablilló hasta que sane.

Juntos van por la calle. Ahora están sentados, viéndome con curiosidad mientras trabajo.

El animalito muestra los colmillos, no sé si riendo o advirtiendo que él cuida de su amo, como su amo cuida de él.

El muchacho sonríe, y platica que están descansando. Esperan a alguien, pero se sentaron para que el perro no corra. No debe hacerlo, hasta que sane.

Ahí se quedan, juntos, amo y perro. Son pareja indisoluble.

Son amigos que se cuidan mutuamente.

 

Enero 15 de 2010