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Crónicas de la Nada

Periodistas

Periodistas

Esto del periodismo no es tan sencillo.

Hay quienes dejan todo por la profesión, como si fuera un apostolado. Hay quienes rechazan otras oportunidades de empleo más remunerativas para seguir trabajando en la reporteada.

Hay quienes se aprovechan de ellos.

Por eso no es fácil. Contaba Arnoldo que no cobraba sus consultas astrológicas porque eso estaba en la parte romántica de su carta astral.

El problema de los periodistas, decía mientras tomábamos café,  es que tiene la profesión en el lado romántico de su carta astrológica. Por eso no les importa cobrar, sino subsistir.

En algo tenía razón, porque son pocos los periodistas que se enriquecen. Y quienes lo hacen, es porque para ellos la profesión es un medio de hacer dinero, como lo es vender autos, o casas. Un medio solamente.

Los demás viven y mueren con modestia.

Muchos periodistas de la vieja guardia se han ido. Lo hacen con las alforjas vacías, y hay quien tiene miedo morirse porque no tiene ni para pagar el ataúd.

Se lo gastó o se lo bebió en el camino.

En eso nadie la gana a los periodistas. Tienen mil anécdotas y vicencias. Conocen a miles de personas que para otros son algo prohibido y para el periodista son simplemente un mortal  más, así sea la artista más bella o el político más encumbrado.

He visto a muchos periodistas que llegan pobres al final del camino.

Pero felices, de haber vivido la mejor de las profesiones.

Febrero 4 de 2009

La pareja

La pareja

Como todo un galán, se emperifolló para salir con su pareja.

Ella, maquillada suavemente, muy discreta, lucía una amplia sonrisa. Evidentemente era un placer salir con él.

Caminaban juntos por la calle. Él iba con su camisa muy limpia, de cuadros, abrochado hasta el último de los botones. Su pantalón, casual, perfectamente combinaba con el resto de su indumentaria.

El peinado se veía un poco pasado de moda, pero aún así se le veía bien. Ella, a su lado, con esa coquetería inherente a las mujeres, caminaba como quien va junto a un príncipe azul.

Iban contentos. Sonreían a todos los que se cruzaban en el camino, y les infundían un halo de esperanza en el futuro.

El amor existe, indudablemente, pensé al verlos.

El azar dio una oportunidad para abordarlos. Por tomar un atajo, se metieron a un camino sin salida.

-          Por ahí no, les dijimos, es por aquel lado.

Una sonrisa iluminó el rostro del hombre y aunque le agregó algunas arrugas, no le afectó en lo más mínimo su apostura.

Gracias, respondió, y la tomó de la mano.

Y la pareja de ancianos siguió su camino, rumbo al supermercado. Felices, igual que si anduvieran de fiesta.

 

Febrero 3 de 2009

Guerra de sexos

Guerra de sexos

Porque luego viene la Serpiente y le dice cada cosa sobre lo que El Señor dice, que nada más lo confunde.

Por eso Adán busca esas caminatas.

En una de ellas, Adán le confesó que a veces siente como si él y Eva fueran de planetas distintos.

- Es el género - le explicó el Señor- las mujeres piensan, sienten, aman, viven, duermen, diferente de los hombres.

- Entonces, Señor, ¿es que toda la vida será como una gran batalla entre hombres y mujeres para entender al otro?

Dios lo pensó profundamente, sonrió, y respondió.

-No es una batalla, es una guerra.

Nada más de pensar lo que hombres y mujeres harían en el futuro por entenderse, hizo que el Señor soltara una tremenda carcajada.

Adán sonrió, comenzaba a entender.

- Lo de vivir así, lo entiendo. Es la guerra de los sexos. Lo que no comprendo es qué necesidad hay de tomar prisioneros.

Marzo 1 de 2009

Olvido generacional

Olvido generacional

En sus mocedades era tremenda.

Apenas con doce años se escapaba a despoblado, con sus amigos, en vez de ir a la escuela.

Por las noches, se perdía y traía con el alma en vilo a su mamá, buscándola por todas partes.

Era rebelde, caprichosa. Pedía libertad, y si no se la daban se la tomaba por su cuenta y riesgo.

Creció y todo eso se le olvidó. Sus hazañas, que tantos dolores de cabeza causaron a propios y extraños, se quedaron en un rincón donde no llega el recuerdo.

Se le borró el casete, como decían ella cuando era jovencita. Ahora, los discos compactos no se borran.

Pero ella no es de esta época. Si lo fuera, no se le hubiera borrado todo lo que vivió en el viaje a su adultez.

No le extrañaría que ahora sus hijas busquen un poco de libertad. Sólo un poco, la necesaria para platicar con un muchacho que le agrada.

Se le borró el casete, por eso se escandaliza por lo que hacen.

Al fin que ellas, las hijas, no conocen su historia.

 

Febrero 28 de 2009

 

Nombres

Nombres

Hay crisis que no tienen nombre, pero existe al menos una Krisis Mundial que sí lo tiene ... Y apellido también.

Así se llama una regiomontana, Krisis Mundial, con K, según consta en el Registro Civil del Estado.

Y no es el único nombre, digamos, original.

La libertad de los padres de darle un nombre a su hijo o hija es absoluto, pero definitivamente hay quienes abusan, por no decir que pecan, en la búsqueda de algo original.

Emmor Evanivaldo suena extraño, pero no tanto como Astro Adan, Astrobélico, Aeropajita, Licurgo o Aniv Marisol.

Anivarser Yamilett es el nombre de una chica regiomontana. Y quizá corrió con mejor suerte que Grangelia o Plania. A Tarzán, otro niño regio, o Astrolovio, seguramente querrían cambiarse de nombre.

En la lucha entre el bien y el mal, hubo empate en el caso de Cristopher Luzbel. Pero hubo inequidad con Luzbelia, Luzbelina, Satana y Ángel Cristo, nombres que no están en el Santoral, pero sí en el Registro Civil.

Proceso, quizá sea abogado, Marciano, astronauta. San Juan Crisostomo podría ser sacerdote, y Circuncisión... Cirujano, definitivamente.

Con esos nombres, ¿será mejor tener un número?. También los hay. Uno se llama Uno, y el otro se llama Dos.

Si tienes un nombre común, no te quejes. Podrías tener uno muy original como Erastro, Oruam, Astroberta, Maigranelly, Antolín Grandu, Prócoro o Pomposa.

Y así, mejor me quedó con el apodo de la secundaria.

 

Febrero 27 de 2009

 

 

Lilith

Lilith

Antes de Eva, hubo otra mujer: Lilith.

Hay mil historias sobre ella, pero todas coinciden en algo.

Lilith fue creada por Dios al mismo tiempo que Adán, y del mismo barro. Hay quienes dicen que el barro estaba sucio. Quién sabe.

Ella se sentía igual que Adán, con los mismos derechos y albedrío, y Dios así lo permitió.

Lilith era hermosa, con una personalidad cautivante. Inteligente, agradable, preparada, sensual. La mejor obra de Dios.

Adán la deseaba. La amaba. Estaba subyugado con ella. Era como una diosa de carne para él.

Sus noches de pasión hicieron historia en el paraíso.

Los problemas empezaron porque Lilith no aceptó que Adán estuviera sobre ella cuando hacían el amor. Si eran iguales, porque él tenía que estar por arriba.

Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual».

Hay que ver que Adán no era muy imaginativo para el sexo. Ni era tierno, pues sólo quería su satisfacción. No pensaba en ella.

Sí la amaba, pero no razonaba.

Lilith no lo aceptó más en sus noches. Adán lloró, le suplicó, pero Pero Lilith no se conmovió. Ella exigía sus derechos, y él no lo aceptaba.

 Cuando él quiso obligarla, Lilith pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y se fue para siempre de la vida de Adán.

Cuentan las leyendas que Lilith encontró otros seres, demonios o vayan ustedes a saber qué, con los que convivió, y donde encontró el placer del sexo total.

Luego se dedicó a seducir jóvenes y robar niños, pero seguramente todo eso es sólo parte de una mala reputación que le fueron creando. Así pasa cuando una mujer se vuelve independiente en todos los órdenes de la vida.

Conmovido por el dolor de Adán, Dios lo durmió, le borró la memoria, le sacó una costilla y creó a Eva, igual de hermosa, más complaciente, y con un aspecto virginal.

Adán fue feliz con ella, pero de pronto siente una nostalgia inexplicable. Es que su mente la intuye aunque no lo recuerda.

Eva lo adivina, y estalla en celos sin explicación. También la intuye, aunque no lo sepa.

Es el castigo de Adán.

 

Febrero 22 de 2009

La foto

La foto

Faltó gente en la foto.

Nadie sobraba, ni había huecos, pero faltó gente.

Hasta el fotógrafo estaba porque la magia de la tecnología le permite tomar su foto y aparecer en ella. Sólo requiere un poco de agilidad, aunque los cinco metros que recorrió en 12 segundos, no le van a dar un récord mundial.

Dice que cuando preparó su foto, no pensó en quienes estaban. Tampoco en los que faltaban.

Simplemente vio un grupo contento, amistoso, que merecía ser inmortalizado mientras dure el papel.

Así surgió la foto. En ella cada quien muestra su personalidad. Un rostro muestra propiedad, como corresponde a un maestro. Pero la maestra tiene una sonrisa mayor que la de la media luna que nos veía en el cielo.

Como siempre, no faltó el que quiso llamar la atención y alzó su copa de metal llena de cerveza.

La pareja siempre sonriente, pero sin excesos. Los esposos que se fueron al frente ante la falta de sillas para subirse.

Ella, guapa, claro. Y el fotógrafo que nadie supo cuando se metió en la historia.

Todos posaron en un momento de inspiración.

Los que se fueron, no alcanzaron. No sabían que la primera inspiración sería del fotógrafo.

Ojalá hubieran ahuyentado el sueño unos minutos más. Ojalá se hubieran mezclado con todos.

Ya habrá otra oportunidad. La cámara lo dice. 

Febrero 20 de 2009

Grandes

Grandes

Hay días en que todo camina tan rápido que apenas estás abriendo los ojos para acostumbrarte a la luz, cuando ya es hora de dormir.

Piensas que se van los minutos, y en realidad son horas las que volaron. El tiempo no alcanza, la vida se hace corta, y la eternidad está a la vuelta de un segundo.

No es el tiempo. Somos nosotros.

El tiempo es una invención del hombre cuando se dio cuenta que no era eterno. Comenzó a medirlo, pero en realidad va midiendo el escaso espacio que tiene en la inmensidad de lo eterno.

Somos una brizna en el Amazonas. Una mota de polvo en el espacio. Un guijarro en la Sierra Madre.

Una insignificancia si nos comparamos con el mar, con las montañas o el sol. Ya no se diga con el universo, porque salimos muy mal parados.

Vistos desde la luna, ni siquiera existimos. Desde otra galaxia, el planeta es nada.

Pero insistimos en ser los amos de la creación. Cómo, si somos tan poca cosa. Cómo, si apenas vivimos un instante, si hasta las tortugas son más longevas que nosotros.

Ah, lo olvidaba. Somos grandes porque tenemos alma, aspiraciones, deseos, amor, enjudia, voluntad, y un montón de sentimientos más que nos dan el placer de acercarnos a la eternidad y la grandeza.

Aunque no nos veamos desde la luna.

  

Febrero 21 del 2009

La afanadora

La afanadora

Trabajo hay mucho, dice la mujer.

Toda su vida lo ha hecho. Trabajo duro, de largas jornadas, aceptando pacientemente las órdenes que recibe, por necias que sean.

Lo dice sin esperanza, mientras llena otra de las tantas solicitudes que encuentra en una feria del empleo.

Pero sin estudios, se lamenta, no queda más que barrer, limpiar, trapear pisos. Es lo único que le dan.

A veces, si tienes suerte,  te toca en una oficina donde no hay quien ensucie. Una pasada de aspiradora, limpiar el piso cuando a alguien se le cae el café, tirar papeles. Trabajo fácil.

Otras veces te toca un supermercado, donde hay gente todo el día. Gente que cree que su compra incluye el derecho a ensuciar todo lo que toca. Es entonces cuando sufre, porque no para ni para respirar.

Termina el día con callos en las manos. En esas jornadas, sus manos perdieron toda feminidad. Son manos duras, curtidas a base de mover la escoba.

Trabajo sí hay, lo que no hay es buena paga. Gana poco y deja una buena parte en los camiones que debe tomar para ir de su casa al lugar de trabajo.

Es que no tengo estudios  ,dice. Y pone, bajo su nombre, a regañadientes, el puesto que desea: afanadora.

 

Febrero 19 de 2009

Paternidad juvenil

Paternidad juvenil

Lo reconocimos de inmediato al acercarnos. Vamonos, le dijimos, pero no aceptó. Iba cerca, y luego regresaba a trabajar, en un restaurante donde le dan empleo de fin de semana.

Es cuando puede trabajar, pues el resto de la semana debe estudiar. Es muy responsable, nos diría más tarde su mamá, al platicar con ella.

Tan responsable, que últimamente camina, para ahorrarse el dinero del camión. Es que le urge reunir lo suficiente para comprarle el regalo a su hijito, que pronto cumplirá años.

 Es una historia larga. Un hijo no planeado, calentamiento de hormonas juveniles en una tarde de soledad.

Ahora, los dos, adolescentes apenas, son padres. Pero responsables. El trabaja, ella también. El camina, para ahorrar para el regalo de su niño.

Seguro jugarán juntos. Como niños que son ambos.

Aunque no sea famoso como otros padres adolescente.

 

Febrero 18 de 2009

 

El viejo soldado

El viejo soldado

Por Francisco Zúñiga Esquivel

¿Cuánta batallas habrá peleado este hombre?, se preguntó el imberbe oficial al ver el guerrero de uniforme raído.

Las huellas que mostraba eran pocas, en comparación a las guerras libradas. Una cicatriz muy fina, quizá de algo cortante, cruzaba su mejilla izquierda, y sobre la frente, al lado izquierdo, había otra, más gruesa, como de quemadura.

Quizá una bala, pensó el joven oficial.

Para ese soldado, cada batalla era una guerra. Había que pelearla como si fuera la última, para sobrevivir.

El viejo soldado lo miró, con cierta arrogancia. Los años no habían mermado nada sus músculos, y la experiencia le ayudaba a salir relativamente indemne de cada batalla.

El oficial se sintió empequeñecido ante el otro, pero su soberbia lo elevó de nuevo:

-          ¡Soldado!, ¿sabes cuál es la diferencia entre tu y yo? –gritó el oficial

Esperaba que le dijera algo ofensivo, para enviarlo en primer lugar a la línea de combate, donde seguramente perecería. No le agradaba alguien tan fiero y sin el miedo que otros le tenían. Ni el respeto.

El soldado sonrío. Ya no parecía tan viejo. Hasta algunas canas se oscurecieron.

-          La diferencia es que tu tienes mando, y por tanto, más responsabilidad que yo.

-          Cierto – dijo satisfecho el oficial.

-          Sí – continúo el soldado como si no lo hubiera escuchado- yo sólo soy responsable de mi vida. Tú, en cambio, eres responsable de la vida de todos nosotros. Si yo me equivoco, moriré.

El soldado acarició su espada, antes de seguir:

-          Si tú te equivocas, vivirás el infierno en la tierra, por la vergüenza de tu torpeza y la insensatez de tu soberbia.

El joven se quedó mirando.

-          Y no será nada comparado a lo que te espera después.

Así dijo el viejo soldado, y se fue a pelear.

 

Febrero 17 de 2009

La lluvia

La lluvia

A través de la ventana, la lluvia traviesa moja todo lo que halla en su caída.

Nada se salva. Los adoquines de la calle van tomando un color oscuro, y lo terroso desaparece. Los árboles agitan las hojas, cansados por las gotas que se posan en ellas. Las tejas de un tejado cercano brillan, rojas como rubor de quinceañera.

Es el milagro de la lluvia, preámbulo de lo que vendrá, cuando llegue la primavera. Hoy abona la tierra, cual sembrador puntual, con su agua.

Mañana todo florecerá gracias a ella. La vida, que en el invierno se esconde, asomará tan pronto el sol cambie su manera de mirar la tierra.

Entonces nadie recordará la lluvia. La verán como algo lejano, como el pariente que vive en otro país y de cuando en cuando aparece.

Pocos comprenderán que el milagro de las flores y la lozanía de los árboles se debe a ese visitante invernal que tanto nos molestó en su momento.

La lluvia vuelve gris el ambiente para quienes no saben ver. Los poetas, los locos y los niños, que viene siendo casi lo mismo, ven otra cosa. Ven diversión, belleza realzada en las cosas que componen el mundo.

Trae nostalgia, y también es bueno. Porque fecunda la imaginación y la inspiración de los poetas, para desgranarlo en versos que trascenderán todos los tiempos.

Por ahora, sólo inspiró esta crónica de la Nada.

 

Febrero 16 de 2009

El pensamiento

El pensamiento

Adán Pérez salía a todas horas de su casa.

Sentía el placer de aventurarse en la novedad que representaba cada cosa de su mundo. Le atraía aprender, descubrir, inventar. Era una constante renovación de su conocimiento.

Por eso salía. A ver.

Eva lo miraba salir, y aunque no le gustaba del todo que la dejara tanto tiempo sola, nada decía.

Disfrutaba su regreso y el reencuentro.

Un día, la Serpiente llegó a su casa. No dijo mucho, pero sí lo suficiente: -Te has dado cuenta Eva, que Adán sale demasiado. ¿No será que habrá descubierto que hay otras mujeres?

Eva se encendió, pero intentó no demostrarlo. Calló y sonrió.

Cuando Adán regresó, la dulce Eva se había convertido en un monstruo de celos. Le recriminó a Adán sus largas ausencias, inventó mil historias donde él seguramente había descubierto una tribu de mujeres y se revolcaba con ellas.

Adán le explicó que no había porque sentir celos, que él nunca sería infiel. Que sólo era pasear y conocer. Estudiar su nuevo mundo.

Eva, mujer al fin, no quiso perder.

-          Bueno, a lo mejor no andas con otras, pero al menos me eres infiel con el pensamiento.

Adán sólo sonrió. No había en Paraíso otra mujer en quién pensar. Había ganado.

Pero de alguna manera, Eva, había adivinado.

 

Febrero 15 de 2009

El otro amor

El otro amor

Hermosa la camioneta.

Resalta en el panorama de esa calle, con su color amarillo. Muy bien cuidada, como si fuera una mujer.

A simple vista, parecía como si acabara de salir de la agencia de autos, recién estrenada.

En su vidrio posterior tenía un signo de pesos, señal de que estaba en venta.

Su dueño la coloca todos los días en el mismo lugar, para que la vean propios y extraños.

Se nota que quiere a su camioneta. Se nota en lo bien cuidada que está.

Pero la vende, porque los amores no son eternos. Y aunque lo sean, a veces requieren sacrificios.

Y cuando se trata de elegir, alguien tiene que irse. Ahora le toca a la camioneta amarilla. Se va a ir, apenas encuentra quien se enamore lo suficiente de ella como para pagar el precio.

Su dueño, no sé quién sea, tiene que pagar el precio por otro amor, más permanente, más satisfactorio.

El vehículo es el precio. No hay lugar para dos amores.

Junto al signo de pesos, hay una leyenda sobre el cristal: Urge, me caso.

Eso lo explica todo. Una mujer, vale mucho más que cualquier otro amor.

 

Febrero 14 de 2009

Los jodidos

Los jodidos

Los días no son dulces para Pedro.No deja de pensar lo que su mujer le dijo: hay carencias en la casa.En realidad, se lo dijo mucho más coloquialmente: !que jodidos estamos!

Eso lo puso a pensar. Quizá no tienen una gran casa, pero es de ellos. no falta comida, y tres veces al día.

Ella tiene mucha ropa, aunque para una mujer nunca será suficiente.
Tal vez no hay dinero de sobra, pero queda al menos para ir al cine una vez al mes.
No tiene auto, ni nuevo ni viejo, pero él disfruta andar en camión. Y ni modo que diga es flojo, porque tiene dos trabajos y aparte hace otros por su cuenta.
Pero no se le quita de la cabeza lo que dijo su mujer. Su esfuerzo se volatiliza, minimizado por un comentario hiriente, quizá espontáneo, no razonado.
"Jodidos". La palaba resuena en su oídos, se mueve como una abeja punzante en su cerebro, y lo persigue día y noche.
Pobre Pedro. No sabe que sólo está jodido el que ansia algo que no tiene.
Aunque tenga mucho, lo estará porque algo le falta.
Y aunque tenga poco, no estará jodido porque nada le falta, nada necesita.

El viejo

El viejo

Invariablemente vuelve a tomar el mismo tema, con las mismas opiniones, siempre caústicas, como si nada le gustara.

Se queda callado, como si entrara en la conversación de los demás, atentamente, casi aprendiendo.

En realidad, sólo espera que alguien haga un hueco en la plática para entrar él. Vuelve a retomar el mismo tema, donde lo dejó, o a veces, repitiéndolo. Es igual, nadie lo escucha.

De pronto, interrumpe a los demás para hablar de lo que él quiere, solamente. O entra y cambia el canal de televisión que los demás ven, porque a él no le gusta.

Es el viejo de la casa. El que deambula a veces como un fantasma, invisible para los demás.

Los nietos llegan, lo saludan y se van a jugar.  No vuelve a existir en toda la tarde.

Por eso habla y habla sin parar, buscando un espacio entre los demás.

Nadie lo es cucha, nadie lo entiende.

Pero ya llegarán a mi edad, piensa el viejo. Y peor para ellos, si no llegan.

Olor a rosas

Olor a rosas

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Adán y Eva Pérez tuvieron muchos hijos, pero no todos se hicieron famosos. Hijos e hijas, que crecieron, se multiplicaron e hicieron las delicias de los dos, con infinidad de nietos.

Cada vez que se reunían en su casa, parecía fiesta.

Para Adán fue emocionante cuando nació su primera hija. Era hermosa, graciosa, candorosa, amorosa y un montón de epítetos más que fue endilgándole conforme se le ocurrían.

Le gustaba mirarla fijamente. Se perdía en el universo de sus ojos, le tocaba esas manitas delicadas y los piececillos tan bien formados a pesar de que eran una miniatura.

La pequeña cabía en sus manos. Ella lo veía y sonreía de manera especial. No como a los demás, sino con un lenguaje único entre padre e hija.

No había cualidades suficientes para la niña, decía Adán a Eva.

-Mira, si hasta cuando hace “popo”, ha de oler a rosas.

Eva sonreía, sorprendido de la alegría de Adán, que no habían despertado igual sus hijos varones.

Adán, feliz, con su hija perfecta. Bueno, casi, porque una tarde, le dice Eva:

-          La niña se popeó.

-          ¿Y?

Eva, traviesa, le responde:

-          Para que disfrutes tu olor a rosas.

La ciudad

La ciudad

El camino avanza y la ciudad sigue apareciendo.
Son caminos que nunca pensamos existían, y que si alguna vez los recorrimos, estaban desolados.
Ha cambiado. Lo que antes era sólo yermo paraje, hoy es un paisaje urbano. Los lugares donde pensabamos terminaba la ciudad, es el punto donde la gente espera el transporte que los llevará mucho más allá. Es un mundo que no conocemos, aunque quizá se parezca al que vivimos.

Autos, casas, comercios, gente, mucha gente vamos hallando al paso, mientras buscamos un destino ajeno a nosotros.
Pareciera el cuento de nunca acabar, con esa ciudad que va tomando vida, cuerpo, aunque tiene mil, un millón de rostros, que buscan con curiosidad uno similar a ellos.
No lo hallan, pero al menos encuentran de cuando en cuando un alma gemela que les haga más llevadera el camino a la indiferencia que vamos recorriendo quienes vivimos aquí.
Aún hay quienes miramos a los demás. Pero muchos no les importa quiénes están a su alrededor, con quien caminan, con quien viven.
Sólo sobreviven. mientras ven a la ciudad que crece, se come sus barrios y sigue, insaciable, hacia nadie sabe dónde.

Pobres y ricos

Pobres y ricos

Tiempos hubo en que los ricos vivían con los pobres en los mismos barrios. Sus hijos trepaban a los mismos árboles, se metían en las mismas casas abandonadas y compartían la calle, la pelota y las anécdotas.

Eran iguales, en la calle y en la casa. La diferencia era el auto a la puerta, la comida más abundante en la mesa y las sábanas siempre con olor a nuevo en las camas.

La vecina pobre podía regañar al hijo del vecino rico si éste hacía travesuras de más. Y el pequeño respetaba.

La vecina rica podía recibir en su misma sala al niño con zapatos viejos y pantalones remendados sin sentirse agraviada por su pobreza.

Esa convivencia hacía surgir la solidaridad espontánea. Quienes tenían más recursos veían la necesidad a la orilla de la puerta y buscaban paliarla un poco, de manera sencilla, compartiendo la cena con los niños del vecino, regalándole un juguete en la navidad, o dándole un recomendación al muchacho para que pudiera trabajar decentemente.

Todo se acabó cuando los ricos decidieron crear sus ghetos. Construyeron sus mansiones en lo alto de la sierra o en lugares exclusivos a donde sólo se puede llegar en poderosos vehículos, y luego cercaron sus colonias para encerrarse a disfrutar su riqueza en sus mansiones.

Lo mismo hicieron los gobernantes, incluso los que alguna vez fueron pobres. Y entonces, pensaron que el mundo era hermoso, y que los pobres lo eran porque lo merecían, por borrachos, por flojos, por ignorantes.

Se convirtieron en carne de cañón para sus empresas y su servidumbre, y sus hijos los vieron con desprecio. Entonces se tendió un abismo tan infranqueable como el que hay entre el cielo y el infierno.

Por eso ahora los pobres son más pobres, y los ricos, siempre más ricos.
 

Atado a la pobreza

Atado a la pobreza

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Estaba en una esquina de las tantas que tiene la ciudad.

No podría decir que estaba parado. No, porque sus piernas apenas existían. Eran como un apéndice que en nada contribuye a su vida. Muertas, obligándolo a arrastrarse, literalmente.

Apoyado en sus manos, recorría el trayecto de un auto a otro, buscando despertar la caridad de los conductores que se detenían ante el semáforo en rojo.

Sólo algunos aceptaban bajar la ventanilla para darle algunas monedas. Quizá los demás lo veían muy joven como para andar mendigando en lugar de trabajar.

Él no se desanimaba. Sus brazos le servían como piernas para mover su cuerpo, robusto a fuerza de sostenerse en ellos toda la vida.

Al ver la cámara se escondió tras una columna del Metro. Tal vez un pudor muy oculto resurgió. La vergüenza interna que siempre nos produce el pedir algo que no nos hemos ganado.

En su caso, seguramente no hubo otra opción. Se vio obligado a pedir, que es lo único donde no se piden cartas de recomendación ni se hacen exámenes de capacidad física.

Tal vez pudo estudiar algo. Tal vez no tuvo quien lo llevara a la escuela. Tal vez no tuvo oportunidades.

Muchas posibilidades y una sola realidad: su discapacidad no sólo le ató a arrastrarse por el suelo. También le ató, ineludiblemente, a su pobreza.