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Crónicas de la Nada

Crónicas de la Nada

El camarógrafo

El camarógrafo

La mitad de su vida ha cargado con los 10 kilos de una cámara de video.

Antes era peor, porque la tecnología no lo ayudaba y aparte de la cámara debía echarse encima una casetera de 8 kilos y una pila de dos.

A fuerza de cargarla, no necesita gimnasio para mantenerse fuerte. El puro trabajo basta.

A veces, debe permanecer con la cámara al hombro, inmovil y grabando durante muchos minutos. Media hora, quizá más.

Y ni un momento de la jornada suelta su cámara.

La tarde que chocó, al borde dela inconciencia se aferro a ella, y sólo la soltó cuando vio a un colega, tan experimentado como él.

Requería de unas manos expderta y brazos fogueados para liberarse de la responsabilidad.

Lo conocí al borde de su juventud. Los años hacen mella y él no es la excepción.

Trae las huella de mil baallas y las cicatrices de mil aventuras. Tiene mil historias que contar y se cuentan diez mil más con él como protagonista.

A veces oplaticmos de todo y nada. Porque además, conoce de mil temas y nadie está tan informado como él.

- ¿No te cansa esta rutina, ese peso de la cámara -le dije un dia-, la incomprension salarial, el olvido de las jerarquías?

Antes que me respondiera, vi el cansancio en su mirada.

- ¿Y qué haces cuando te cansas?

Suspiró, como si en el aire que entró en sus pulmones estuviera la fuerza de la rebeldía, el ímpetu de la audacia, y la imaginación de la creatividad.

Luego respondió, con toda la sabiduría contenida:

- Me aguanto.

 Septiembre 22 de 2009

 

El Profe

El Profe

Dice el profe que ya no hay nada que hacer por los muchachos.

Son cabezones, son desobedientes, son casos perdidos.

En su caso, dice que sólo espera la jubilación, para olvidarse de ellos y recuperar la tranquilidad.

No es gratuito su ansia de jubilarse. Platica que una maestra, de tanto lidiar con los muchachos, terminó alterada de los nervios.

Y por ahí anda un montón de maestros con gastritis, con hipertension o con diabetes, producto de los gritos contenidos a los escandalosos alumnos.

Por eso el Profe ya decidio. Apenas cumple los años necesarios, se jubila. Quiere viajar, aunque sea aqui cerca. Quiere tener las tardes libres, ir a presentaciones de libros, a tomar un café y ver como la oscuridad va cubriendo con su manto la ciudad.

Le gustaria ir al cine entre semana, al teatro los viernes, y los sabados descansar.

Y sobre todo olvidarse de las penurias que tienen los salones de clase, para sentarse en un sillón a recordar con nostalgia solo los buenos momentos que pasaba con su alumnos.

 

Septiembre 21 de 2009

Los animales y Adán

Los animales y Adán

Los animales idolatraban a Adán Pérez en el paraíso.

Aunque habían sido desalojados del Edén, por la desobediencia de Adán, encontraron que en el exilio podían divertirse, comer, beber y hasta convivir.

Lo malo fue cuando pasaron a otras generaciones. Se perdió la camaradería que tenía Adán con las primeras especies, y hombres y animales se fueron distanciando.

Después, los hijos de Adán fueron sometiendo a algunos animales, y otros, tuvieron que buscar sus propios espacios. Así se dividieron entre los que aceptaron la domesticación del hombre, y los salvajes, que huyeron para salvaguardar su libertad.

Abusaron los hijos de Adán en algunos casos. Persiguieron a los animales por simplezas como arrancarles colmillos y garras para ponerlos de adorno. A otros los hicieron trabajar como esclavos.

Así los hijos de Adán se sintieron dueños del mundo. Si él lo había sido por su inteligencia, los hijos deAdán lo fueron muchas veces por su maldad.

Pero todo se paga, y así, a lo largo de su vida, tuvieron que asumir el papel que Dios le había reservado sólo a los animales.

Los nuevos adanes trabajaron como burros, pelearon como tigres, se suicidaron como lémures.

Fueron astutos como serpientes, pero igual muchas veces se arrastraron como ellas.

Comieron como cerdos y fueron bobos como bueyes.

Sólo las hijas de Eva los redimieron. Lo compararon con lo mejor de cada animal. La bravura del león, la elegancia del cisne, el arrojo del águila.

Y hasta pudieron transformarlos, a lo largo de un día, en dos o tres especies distintas.

Los hicieron trabajar como asnos, les hicieron sentirse unas cucarachas, pero muchas veces, por las noches, los volvieron a la vida, al decirle: Vengase mi pichoncito.

Septiembre 20 de 2009

Las máscaras

Las máscaras

El rostro malencarado me mira desde la pared.

Otra cara, más amable, le hace compañía. Ninguna sonríe, pues su papel es ser fieros, dar miedo a quienes se acercan a ellos.

Son máscaras que adornan la pared de la casa. Sus mil hendiduras semejan tatuajes hechos con el fin de impresionar a los demás.

Podría decir que son africanas, o de alguna tribu apache, pero la verdad salieron de un mercado de artesanías a la orilla de la carretera. Ni siquiera son de buena madera, porque el material es tan suave, que seguramente es de pino.

Impresionan de todas maneras, aunque no por el tamaño. Son máscaras miniaturas, las primeras de la colección.

La completan otro par de máscaras alargadas, de madera más dura, que llegaron desde Cuba. Esas están en otra pared, desde donde se miran unas a otras.

Ni son amigas, ni son enemigas. Simples adornos de la pared.

Esas completan toda la colección de máscaras.

Aunque quizá, como todos, tengo otras, que porto conmigo. Son las que usó para no descubrir las emociones, para fingir alegría, para ocultar la tristeza, cuando la hay, y el enojo, cuando brota espontáneo.

Esas no cuentan. Esas son máscaras íntimas, y jamás pensaría en tenerlas como colección.

Prefiero las otras, las que están en la pared.

Septiembre 19 de 2009

 

El pasado

El pasado

Si pudiera volver al pasado, elegiría cualquier momento donde no estuviera.

Quizá –si incluyera trasladarse a cualquier parte del mundo- iría a la época donde los mexicanos éramos sólo civilizaciones que buscaban la paz, el conocimiento y la religiosidad.

Los españoles llegaron a echar a perder  todo. La cultura, las construcciones, la medicina, la raza. Todo se destruyó por la ambición de los conquistadores.

Ojalá hubieran sido los romanos los que hubieran llegado, porque ellos respetaron cada civilización y supieron tomar lo mejor de cada una, para mejorarlo.

Los aztecas, cuando dominaron el país, sólo pedían tributo, pero no acababan con los conquistados.

Los españoles que llegaron fueron distintos. Se sintieron dueños de la verdad absoluta y nos hicieron tragar su religión, sus creencias, sus mitos y sus traumas.

Intimaron con las mujeres del país y formaron esa amalgama que ahora somos. No hubo compasión.

Por eso, si pudiera ir al pasado, iría a ver esas culturas que no conocimos. Quizá encontraríamos muchas sorpresas, y hasta aprenderíamos algo.

Veríamos que no eran bárbaras. Simplemente distintas.

Septiembre 18 de 2009

Transformación

Transformación

Cada mañana se subía al camión donde yo viajaba de cabo a rabo de la ruta.

Una chica regordeta, pero sin exagerar. Subia con su cara lavada y los ojos chiquitos, no se si por que así eran, o por el sueño que llevaba en ellos.

A las seis de la mañana siempre viajan los mismos. Si un día no coincidimos en el mismo camión, al otro día lo haremos.

Así fui identificando a quienes subían a esa hora. Algunos se dedicaban a dormir apenas tocaban el asiento. Si alcanzaban.

Otros veían por la ventana. Ella prefería transformarse.

Los movimientos de la unidad no le quitaban ni una pizca de pulso. Empezaba polvéandose la cara, luego iba delineando la sombra de los ojos, algo de chapas, para darle un rubor artificial a lo que escuchará en el día.

Terminaba dandole un color rojo a los labios.

No era un minuto o dos. Lo hacia durante la media hora que el camión tardaba ne llegar a su destino. Al de ella, no al del camiòn.

Cuando bajaba, nadie hubiera reconocido que era la misma que subía unos kilometros antes. No se parecía en nada.

Era otra. Diferente, lista para conquistar al mundo.

 

Septiembre 17 de 2009

Héroes

Héroes

Ya nadie va a tomar un estandarte para lanzarse a una guerra suicida, como lo hizo Hidalgo.

Tampoco habrá quien soporte pelear 11 años en la sierra, a veces sin sentido ni ayuda como lo hizo Guerrero.

Habrá oportunistas, sí, como Iturbide, que aprovechó el momento ideal para cambiar de bando y volverse un libertador.

Es como si los héroes se acabaran. No hay quien acepte ofrendar su vida por el bien común, ni por gente que ni siquiera conoce.

En apariencia, porque la verdad, hay miles de héroes en nuestras calles, en los hogares. Son aquellos que no se rinden ni con la crisis, ni con la violencia, ni con los salarios que no alcanzan.

Son los hombres y las mujeres que siguen luchando, con su granito de arena, para conseguir un mundo mejor que ni siquiera alcanzarán a disfrutar.

Trabajan para sus hijos, o para sus nietos.

Ellos son tan héroes y heroínas como Hidalgo, como Juárez, como Madero. Sólo que las circunstancias son diferentes.

En vez de morir fusilados, lo hacen trabajando, desgastando su juventud y sus fuerzas para que el país salga adelante.

Ninguno cambiará el mundo, en apariencia. Pero su esfuerzo –y su granito de arena- está rodando, y va formando una enorme bola que arrasará con lo malo, e impondrá la razón.

 

Septiembre 16 de 2009

Viajero en extinción

Viajero en extinción

Con un montón de años a cuestas, el hombre aquel iba muy tranquilo en su bicicleta.

Nada más verlo de espaldas, se notaba que es de los muchachos de antes, esos que siempre andaban muy a la línea: Limpiecitos, con la raya del pantalón bien  definida, y una camisa sin mancha, abotonada hasta el cuello, y con las mangas bien abrochadas.

El hombre, de unos sesenta años, de piel morena, curtida por el sol, pedaleaba sin prisas.

No peleaba, ni buscaba adelantarse al paso de los demás. Simplemente pedaleaba, acostumbrado a trasladarse en su bicicleta.

Hay una diferencia abismal entre quienes usan la bicicleta para paseo y quienes la utilizan para transportarse.

Los primeros van sin un rumbo definido, evitan las aglomeraciones, las zonas transitadas.

Los segundos, van con calma, buscan la ruta más corta, y no tienen miedo ni a los camiones ni a los conductores agresivos.

Así aquel hombre. Su actitud exigía respeto de los caminantes y los automovilistas.

Se adentró en el mar de coches que estaban varados por culpa de un chofer mal estacionado, y sin inmutarse, siguió su camino.

Único entre muchos. Viajero en bicicleta de los que ya están en peligro de extinción en esta ciudad.

 

Septiembre 15 de 2009

El novio

El novio

El novio

Esta vez nadie cargó al novio, para llevarlo en procesión por las mesas.

Eran muchos kilos, o quizá los primos y amigos ya no se sintieron con la fuerza para a tentar a la suerte.

Pero si a ellos les faltaban ánimos, a los hijos del novio les sobraban. Tampoco lo cargaron, claro, pero le hicieron una ronda y le llevaron mariachis.

Estaban felices, por él, que durante 15 años, fue padre y madre para ellos.

La vida no fue amable ni con el ni con ellos. La madre, muy joven aún, tuvo que responder al Llamado Divino.

Fue entonces que el padre asumió los dos papeles. Cuatro varones y una niña, aun de pañales.

Trabajó muchas noches para poder estar en la mañana en casa y prepararles el almuerzo, la comida y la cena. Estuvo con ellos en su primer día de escuela, en las fiestas escolares.

Lidió solo con la adolescencia de los cinco, y cambió todo por atender a sus hijos.

Nunca pensó en que les hacía falta una madre.

Tenían una en el cielo, y en la tierra estaba él.

El tiempo se fue llevando los años y lo convirtió en abuelo. Y la vida, que todo paga, le devolvió el favor.

Ahí mismo, a la puerta de la casa, se topó con otra mirada que se acopló perfectamente con la suya.

Se sintió más joven, aunque no se le acabaron ni las canas ni la panza. Su sonrisa, siempre amplia, se volvió diferente.

Una nueva luz iluminaba todo.

Esta vez la boda no fue grande. Apenas unos amigos, unos familiares -los que nunca nos perdemos una- y mucha felicidad.

También más kilos. Por eso no lo cargamos.

Septiembre 14 de 2009

El Orgullo

El Orgullo

Si la vida los tumba, el orgullo los levanta.

Viven en su mundo, donde ellos son perfectos, y donde tienen el toque de Midas para convertir en excelencia cualquier cosa que toquen.

Es su percepción muy personal, porque hacia afuera, todos los ven como engreídos. Y a veces como ineptos.

Tarde que temprano sus fallas son tantas y tan evidentes, que terminan por quitarlos del lugar que ocupan. Pero aunque caigan, el orgullo y su egocentrismo los levanta y los hace volar de nuevo.

Eso sí, los vuelve humildes provisionalmente. Se nota su caída próxima porque cambia la actitud. La prepotencia que los caracterizaba se vuelve amabilidad.

De pronto todo son sonrisas, ansia incontrolable de agradar a aquellos a quienes más agredía, y que generalmente son quienes menos pleitesía le rindieron durante su reinado.

Cierto, entre más alto vuelan, o creen que vuelan, duele más el golpe al llegar al suelo.

Pero el orgullo los levanta, los hace sacudirse el polvo, y en su candidez vuelven a creer que son los mesías de un nuevo proyecto.

Sepiembre 12 de 2009

Las dos torres

Las dos torres

El mundo amaneció lloviendo en Monterrey el 11 de septiembre del 2001.

Quizá llorando por adelantado por los dos mil 973 personas que morirían ese día en el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

Pocos sabían que el mundo había cambiado un segundo después de las 8 de la mañana y 46 minutos, tiempo de Nueva York, cuando el primero de dos aviones se estrelló contra las Torres Gemelas del compleo del World Trade Center donde se calcula había en ese momento unas 16 mil personas.

El mundo amaneció ajeno a las intenciones de los terroristas de al Qaeda. En Monterrey, los medios de comunicación se empeñaban en llegar hasta los hogares más desprotegidos, donde ese dia despertaron con las camas flotando sobre el agua que entró en sus viviendas.

La zona poniente del área metropolitana estaba incomunicada por las inundaciones, pero algo hizo olvidar su tragedia. Un reporte llegó a la redacción de todos los medios de comunicación para notificar que un avión se había estrellado contra una torre gemela.

Eran las 8.46 horas con tres minutos. Todo parecía un trágico accidente.

Pero unos 17 minutos después, a las 9.03 horas, las cámaras de televisión captaron y enviaron a todo el mundo, en vivo, el segundo avión que se estrellaba contra la otra torre. Ya no cupo duda, era un atentado terrorista.

los ojos del mundo se posaron sobre el Complejo del World Trade Center, y pudieron ver como las 9 con 59 minutos la Torre Sur se derrumbaba, luego de 56 minutos en llamas. A las 10.28, la Torre Norte siguió la misma suerte, y horas más tarde, a las 17.20, cayo el tercero, el edificio World Trade Center 7.

Pocos sabian que en ese momento el mundo estaba cambiando. A partir ee ahí se desato una psicosis contra el terrorismo.

Viajar en avión ya nunca será tan simple, por que la medidas de seguridad se volvieron extremas. En el atentado murió gente de todo el mundo que trabajaba en el World Trade. Los países enfrentaron juntos por primera vez la amenaza del terrorismo, e iniciaron una guerra sin cuartel contra él.

Han pasado 8 años. Tiempo suficiente para que el mundo retomará el curso que llevaba antes de los atentados, pero no lo ha hecho.

Los cambios, sin duda, fueron para siempre.

 

Septiembre 11 de 2009

Direcciones

Direcciones

Desde que lo conozco Jonathan vive en la misma casa.

Hace rato, porque en aquel entonces era un parvulito que llegaba con ansias de novillero a triunfar en un mundo desconocido.

Su mundo no era muy amplio, pero lo ha ido estrechando.

Vive en la misma casa, pero de entonces a la fecha ha tenido un sinfín de direcciones electrónicas.

Se van haciendo obsoletas, o antifuncionales, y todos optan por cambiarse, como antes lo hacían de casa. Ahora lo hacen de correo electrónico.

Algún día los primeros correos serán quizá una curiosidad arqueológica perdida en alguna red de la internet.

Entonces tal vez serán valiosos. Por ahora, el cambiar, solo sirve para perderlos.

Septiembre 10 de 2009

Nuestra Lluvia

Nuestra Lluvia

Apareció de repente, aunque no la invitaron.

El día estaba soleado, y lo menos que esperábamos es que apareciera la lluvia. Pero llegó, puntual, a eso de las seis de la tarde.

No sé por qué es la hora en que las nubes desatan sus nudos y dejan caer sobre la tierra las gotas gruesas de agua que van mojando lo que hallan a su paso.

Siempre ha sido igual. Poco antes del anochecer, inicia la lluvia, para lavar los pecados del día. Cae inmisericorde, sin pensar en que casi nadie carga un paraguas ni impermeable para protegerse de ella. O quizá por eso lo hace, para mojarlos a todos por negligentes.

En mi ciudad poco llueve. Sólo en las tardes de mayo y de septiembre. Entonces, las calles se vuelven ríos, y los cielos torrentes.

La lluvia, cuando cae por la tarde, es bendita, porque alivia el calor del día. Sólo moja la tierra y al despistado que osa caminar sin tomarla en cuenta.

Otras veces llueve todo el día. Entonces es simple llovizna, pertinaz, perseverante, que no se va hasta mojar a todos.

A veces llueve por las noches. Esa lluvia es asesina, porque sorprende a muchos y los embarca hacia el más allá.

Así es la lluvia en mi ciudad. Prefiero la de la tarde, la que llega y nos acompaña con el café, con la plática, con las anécdotas.

Entonces sí, me gusta ver llover y no mojarme.

 

Septiembre 9 de 2009

Refacciones

Refacciones

Un simple cambio de amortiguadores y el auto dejó de temblar.

No salió tan barato, porque cada vez que le cambiamos algo, los mecánicos parece que nos quisieran vender de nuevo el coche. Que no entienden que si seguimos con el mismo es porque no tenemos dinero para comprar uno nuevo.

Y a veces ni para arreglarlo, pero no hay remedio. Sale más caro dejarlo así, y luego un día quedarse tirado por alguna calle perdida de Dios, pagar grúa, pagar el doble por la reparación y aparte, quedarse a pie.

Hace tanto tiempo que hay un auto en mi vida, que se perdió la costumbre de andar en camión. Hay un metro en mi ciudad, pero como parte de un lugar donde no vivo, a un lugar donde tampoco vivo ni trabajo, de nada me sirve.

Quizá algún día, cuando pase cerca de casa, decida dejar el auto y volver a mis tiempos de transporte público. Libro incluido, claro.

Por lo pronto, ahorro para reparar el coche. Un cambio de aceite y la máquina volvió a rugir. Unos amortiguadores nuevos y el coche volvió a su estabilidad. Quedó como nuevo.

Ojalá algún día podamos decir lo mismo con nuestros cuerpos. Unas rodillas nuevas, un par de riñones de segunda mano, y volvimos a ser jóvenes  como antes.

Tal vez un día. Por ahora, no queda más que aguantarnos y morirnos.

 

Septiembre 8 de 2009

El ladrón

El ladrón

El hermano de Adrián llegó una noche a su casa y encontró que un ladrón se había metido.

Tiene una casa grande, como que le va bien en la vida, y como aparte es vecino de su otro hermano, tienen las dos viviendas pintadas igual, y cualquiera pensaría que es una mansión.

El caso es que el hermano de Adrián vive modestamente, sin muchos lujos. Sólo lo necesario.

Eso no lo sabían los ladrones, que se metieron buscando riquezas, y sólo hallaron unos cuantos papeles, nada de joyas, menos dinero en efectivo.

Ya enojados, sacaron toda la ropa que hallaron en las recámaras, quitaron las sábanas de las camas, las cortinas de las ventanas e hicieron un montón en el centro de la sala.

Encima pusieron un letrero con una sola palabra: “Jodidos”.

Al menos no le prendieron fuego.

Cuenta Adrián que su hermano buscó por todos lados y no le faltó nada.

Ese día todo les causó angustia. Ahora, les da una risa tremenda  cada vez que se acuerdan.

 

Septiembre 7 de 2009

Música

Música

Las canciones son hermosas por lo que evocan, por los recuerdos que sacan de la memoria, o del corazón.

Cada quien tiene su canción, y apenas escucha los primeros acordes, la adivina y una comezón comienza a surgir en el espíritu.

Imposible controlarlo. Para algunos, es el recuerdo de algún amor perdido. O del inicio de la relación que viven.

Para otros quizá sea la imagen de un ser querido que se adelantó en el camino.

O los tiempos felices de la adolescencia.

A veces, aparecen por ahí artistas de hace veinte años o 30 años, muy distintos a lo que recordamos de ellos.

Las melenas huyeron. Las bolsas bajo los ojos delatan que traen muchos ayeres en las alforjas.

Sus pasos ya no son ligeros, y parecen una parodia de lo que un día fueron. Pero sus fanáticos van y los ven, no por lo que son, ni por lo fueron, sino por lo que ellos mismos alguna vez vivieron escuchando esa música.

Cada quien piensa que la mejor música es la de antes, la de uno. Es igual. Hay música que vive por siempre y se puede tocar en esta y en todas las generaciones .  Esa es quizá la mejor música.

Pero si no nos evoca nada, no vale.

Septiembre 5 de 2009

Respuestas

Respuestas

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Después del funeral, el hombre aquel se encerró a llorar a su hijo.

No hallaba las respuestas. ¿por qué a él? Por qué no murió el hijo de otro.

Tampoco halló quién le diera respuesta. Nunca buscó la presencia de Dios para poder encontrarlo en esos momentos tan difíciles.

No recordó la vez que fue a pelear con el maestro porque amonestó al niño por pegarle a las niñas.

Tampoco las veces que sobornó a las autoridades frente a la vista del niño.

No se acordó que siempre le decía que nadie debía ganarle, que cuando se pierde se arrebata.

No supo que él fue formando ese ser antisocial, que alguna vez se le enfrentó y le causó el primer dolor, cuando osó levantar la mano contra él.

Ahora, en uno de sus tantos enfrentamientos, perdió la vida.

Era su hijo, y le daba derecho a llorarlo.

Pero no halló respuestas. O tal vez, no las quiso hallar.

Septiembre 4 de 2009

Sola

Sola

Alguna vez fue joven y fuerte.

Hoy, está atada a una cama de hospital, por la enfermedad.

No sabe si podrá salir, porque su futuro está en manos de Dios, y a veces siente que Él ya quiere que descanse.

Fue madre, lo que significa mucho trabajo, angustias, desengaños. Crió a cuatro hijos, tres varones y una mujer.

Pero ella sólo recuerda los buenos momentos, las alegrías, los triunfos, los amigos que le llevaban.

Seguramente eso es lo que le hace más llevadera su enfermedad.

Cuatro hijos, pero sólo una está día y noche a su lado. Los demás siempre tienen excusas. No la dejan, claro, pero es apenas unos ratos, una noche, un tiempo determinado.

Ninguno ha dejado trabajo, familia, descanso totalmente como lo ha hecho la hija. Todos dan apoyo, cierto, pero ninguna da entrega.

Dos o tres noches cuidándola son suficientes. Hay que descansar, hay que trabajar. Hay que vivir.

Olvidan que la madre alguna vez –muchas veces- dejó todo por cuidarlos. Por acompañarlos. Por llorar con ellos.

Ahora está en una cama de hospital, acompañada sólo por su hija y por el compañero de toda la vida, que se resiste a dejarla sola, y saca fuerza de su pasado para velarla. Fiel en la enfermedad como lo fue en la salud.

Igual pone en riesgo su salud, su trabajo.

Sólo ellos, el esposo y la hija.

Por algo dijo un viejo: Dios te de hijos que te llenen de orgullo, y al menos una hija, que será la única con la fuerza suficiente para cuidarte en tu vejez.

Septiembre 3 de 2009

El periódico

El periódico

Por Francisco Zúñiga Esquivel

 

Hace muchos días que no leo un periódico.

Lo veo, por las mañanas, en algún escritorio, pero no lo leo. A veces, si acaso, lo hojeo.

Se va volviendo innecesario, porque las noticias las encuentro en todos lados. Enciendo la televisión por la mañana y aparecen algunas. Si tengo suerte, acertaré a la hora de los titulares y hasta de varias noticias me enteraré.

En radio hay noticias todo el día. Repetidas, cierto, y basta escuchar una hora para enterarse de todo lo que tienen que decir.

Pero no es eso lo que me evita leer los periodicos. Es el internet, donde encuentro un sinfín de información, los periodicos de todo el mundo, revistas y blogs que me informan de todo. Absolutamente de todo.

El reto es alcanzar a leerlos, lo que se vuelve imposible.

Leo simplemente las noticias más interesantes. Lo demás se queda para quien se interese más.

Es por eso que no leo periódicos en muchos días. Y muchos meses sin leerlos como antes, cuando había tiempo, cuando recorría de punta a punta, de página a página todo el ejemplar, incluidos los avisos de ocasión.

Aún asi, creó que no desaparecerá totalmente el periódico.

Al menos no lo veremos. Muchos de nuestra generación aun dudan al tomar un teclado.

Pero además el periódico da un placer extremo al leerlo. Y con él se puede espantar una mosca, envolver la fruta, limpiar el piso, hacer piñatas y un sinfín de cosas más para las que la computadora no sirve.

Había pensado incluir que no se puede llevar al baño, pero mentiría.

Las laptops si se pueden llevar.

 

Septiembre 2 de 2009

Hambre y dinero

Hambre y dinero

El hambre

Raúl está delgado, demasiado delgado.

Su sonrisa es amplia, pero se nota que hay hambre. Se le nota en la quijada pronunciada, en los pómulos dibujados sobre el rostro demacrado.

Su color moreno logra ocultarlo un poco, pero su complexión es de hambre.

Cuando platico con él lleva dos horas haciendo fila interminable para recibir una despensa con la que espera darle de comer a su mujer y cuatro hijos por una semana. O tres días.

Justifica su presencia porque no trabaja. Dice estar enfermo, de algo desconocido que una curandera le quito, pero ahora está en recuperación. Igual que el mundo, que se recupera de una crisis. Pero para Raúl esa crisis será de toda su vida.

Cómo puede haber alguien con hambre, a tal grado que se le note en lo escuálido que queda el cuerpo, con los huesos dibujados, pienso intermitentemente durante los días siguientes.

Días después estoy en la entrega de un premio a un empresario, dentro del templo del saber del poder económico.

El lugar se llena de trajes de corte a la medida y paño fino, y de vestidos de diseñador, comprados a un precio que bastaría para darle de comer a Raúl y su familia durante un mes.

Las mujeres, como todas, se hermosearon para la ocasión. Lucen bien, pues no tienen otro oficio que el de ser bonitas.

Frente a mí están dos que muestran sus rodillas, huesudas, marcadas.

Veo sus rostro, demasiado delgados. Escuálidos. Los pómulos demasiado marcados. Las venas parecen saltar en la frente. Igual que Raúl, el pobre.

No hay grasa en su cuerpo. Pero los huesos se nota bajo la piel.

Seguramente hay hambre en sus vidas. El precio de lucir delgada.

Mucho dinero y hambre.

1 septiembre 2009