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Crónicas de la Nada

Crónicas de la Nada

Pobres y ricos

Pobres y ricos

Tiempos hubo en que los ricos vivían con los pobres en los mismos barrios. Sus hijos trepaban a los mismos árboles, se metían en las mismas casas abandonadas y compartían la calle, la pelota y las anécdotas.

Eran iguales, en la calle y en la casa. La diferencia era el auto a la puerta, la comida más abundante en la mesa y las sábanas siempre con olor a nuevo en las camas.

La vecina pobre podía regañar al hijo del vecino rico si éste hacía travesuras de más. Y el pequeño respetaba.

La vecina rica podía recibir en su misma sala al niño con zapatos viejos y pantalones remendados sin sentirse agraviada por su pobreza.

Esa convivencia hacía surgir la solidaridad espontánea. Quienes tenían más recursos veían la necesidad a la orilla de la puerta y buscaban paliarla un poco, de manera sencilla, compartiendo la cena con los niños del vecino, regalándole un juguete en la navidad, o dándole un recomendación al muchacho para que pudiera trabajar decentemente.

Todo se acabó cuando los ricos decidieron crear sus ghetos. Construyeron sus mansiones en lo alto de la sierra o en lugares exclusivos a donde sólo se puede llegar en poderosos vehículos, y luego cercaron sus colonias para encerrarse a disfrutar su riqueza en sus mansiones.

Lo mismo hicieron los gobernantes, incluso los que alguna vez fueron pobres. Y entonces, pensaron que el mundo era hermoso, y que los pobres lo eran porque lo merecían, por borrachos, por flojos, por ignorantes.

Se convirtieron en carne de cañón para sus empresas y su servidumbre, y sus hijos los vieron con desprecio. Entonces se tendió un abismo tan infranqueable como el que hay entre el cielo y el infierno.

Por eso ahora los pobres son más pobres, y los ricos, siempre más ricos.
 

Atado a la pobreza

Atado a la pobreza

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Estaba en una esquina de las tantas que tiene la ciudad.

No podría decir que estaba parado. No, porque sus piernas apenas existían. Eran como un apéndice que en nada contribuye a su vida. Muertas, obligándolo a arrastrarse, literalmente.

Apoyado en sus manos, recorría el trayecto de un auto a otro, buscando despertar la caridad de los conductores que se detenían ante el semáforo en rojo.

Sólo algunos aceptaban bajar la ventanilla para darle algunas monedas. Quizá los demás lo veían muy joven como para andar mendigando en lugar de trabajar.

Él no se desanimaba. Sus brazos le servían como piernas para mover su cuerpo, robusto a fuerza de sostenerse en ellos toda la vida.

Al ver la cámara se escondió tras una columna del Metro. Tal vez un pudor muy oculto resurgió. La vergüenza interna que siempre nos produce el pedir algo que no nos hemos ganado.

En su caso, seguramente no hubo otra opción. Se vio obligado a pedir, que es lo único donde no se piden cartas de recomendación ni se hacen exámenes de capacidad física.

Tal vez pudo estudiar algo. Tal vez no tuvo quien lo llevara a la escuela. Tal vez no tuvo oportunidades.

Muchas posibilidades y una sola realidad: su discapacidad no sólo le ató a arrastrarse por el suelo. También le ató, ineludiblemente, a su pobreza.

La escuela

La escuela

La mañana es fría, pero ellos trabajan.

Uno es un hombre ya maduro, casi al borde de la vejez. El otro apenas empieza a vivir, y quizá su lugar estaría más adecuado en una escuela, y no en una construcción.

Son amanecer y ocaso, pero ambos llevan quizá un mismo libreto de vida.

Al primero le faltaron oportunidades. Nació en un pueblo y emigró a la ciudad, sin estudios ni conocidos. Ha sido albañil toda su vida, y es feliz, porque para él, es implicó mejorar.

Su vida fue mejor que la de sus padres y abuelos.

El joven es distinto. Nació en la ciudad, aunque en un ambiente humilde. Podría estar en la escuela, preparándose para un trabajo mejor, menos cansado y más remunerado.

Pero todo es fácil para él. Será albañil porque –eso cree él- que no requiere esfuerzo.

Perdió su oportunidad.

Trabajan juntos, el viejo enseñando lo que ha aprendido al otro.

Y éste no entiende que sigue en la escuela. Una escuela más difícil, donde nunca hay diploma.

Sólo cansancio y un día, desilusión.

 

Los amigos

Los amigos

Cuántos amigos tenemos en el mundo. Nadie lo sabe. Son tantos que a veces se nos pierden entre la multitud que vemos a diario.

No todos los amigos están siempre a tu lado. Algunos hasta se desaparecen por años.

Pero cuando surge la oportunidad, te acompañan en  tus pequeños logros, en tus tristezas grandes.

Aún y cuando físicamente no estén ahí, sientes su presencia. Sabes que tienes el apoyo.

No sé cuantos amigos tengo en el mundo. Algunos, dicen, apenas nos hemos visto unas cuantas veces, otros tan sólo una.

Pero son mis amigos. Si puedo, los ayudo. Si pueden, me ayudan.

Y vamos compartiendo la vida, aunque no podamos compartir los momentos.

Somos amigos, sin compromisos, sin falsas poses, sin conocernos.

Porque logramos mantener esa relación, pese al tiempo, la distancia y el olvido en que nos encierra la vida diaria. 

Un nuevo cargo

Un nuevo cargo

A veces, las responsabilidades me buscan.

Y lo peor es que me encuentran casi siempre desprevenido.

Así me ha tocado ocupar un montón de cargos, algunos simbólicos, pero que de todas maneras requieren sublimarse para sacarlos adelante y hacer un buen papel.

Algunos llegaron muy temprano, y si no había experiencia, sí había suficiente audacia para emprenderlos.

Un día me encontré dirigiendo un periódico importante a la edad en que muchos apenas comienzan a soñar.

Esa audacia me impulsó a mil aventuras, desde proyectos sociales hasta lucha sindical.

A veces causan problemas, venganzas mal veladas por los callos y las vanidades que se pisan.

He hecho amigos y enemigos, cierto. Más los primeros que los últimos.

Ahora me arrojan a un nuevo proyecto. Ser vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Nuevo León.

Como siempre, no sé a ciencia cierta qué debo hacer. Lo iré aprendiendo en el camino, que siempre tiene bastantes pasos para lograrlo.

Llega en buen momento, cuando se requiere saber que estamos vivos, vigentes y efectivos.

Y que no importa la trinchera. Siempre se podrá ayudar a los demás.

 

 

Enero 29 de 2009

La Sonrisa

La Sonrisa

Ligera como un pensamiento, la sonrisa llegó con su mensaje inconfundible.

Traía consigo el poder de cambiar el universo.

Y lo cambió.

Fue sólo una sonrisa, pero llevaba una promesa.

El día cambió totalmente. El aire se volvió diáfano. Por la ventana, el cielo intensificó su azul, y el constraste de una nube le dió un toque de belleza sin igual.

Una sonrisa amplia, cálida. Como una flor en el desierto. Llegó a mí como un beso anónimo y silente, y ofreció, envuelto en una caricia visual, un porvenir lleno de certeza.

Descifre que no hay deseo que no se cumpla, que el futuro se teje de pequeñas anécdotas anodinas, y que la vida no es vida cuando se camina solo.

Todo en una sonrisa, media luna en pleno día.

Una sonrisa, una promesa.

 

Enero 27 de 2009

Su mundo

Su mundo

 

Los niños crecen y dejan de serlo.

Lo notamos cuando empiezan a exigir su espacio, así sea el que ocupa su cama. Sacan a flote su privacidad, y van creando un mundo propio, muy distinto al de los mayores, al de los papás, y a veces, al del resto de sus hermanos.

Luego, demandan su libertad. Su derecho a ir solos por el mundo, aunque éste se acabe a la vuelta de la esquina.

Ansían crecer y convencerse de que son autosuficientes. Al menos en su pensamiento.

Pero si ellos ansían vivir solos o viajar solos, la mamá opta por hacerlo con alguien. Se preocupa el día que tiene una cita y no hay quien la acompañe.

Es tan triste andar sola, dice. Son tan feas las calles cuando uno camina sin compañía.

Es el clamor por los hijos que comienzan a irse, a formar su propio mundo, ahora sí real, hasta dejar de ser satélites de los padres.

No preguntan ni se conduelen del dolor que implica esa separación permanente. Toman lo que sienten les pertenecen y comienzan a buscar el camino que mejor les acomoda.

No siempre será el mejor, y muchas veces tendrán que desandar lo andado para rectificar.

Así lo hicimos todos. Así lo harán sus hijos.

 

Enero 26 de

La noche

La noche

La noche desinhibe.

Dejamos los pudores tirados en algún rincón, y desnudamos nuestros instintos a la espera de emociones.

Todo es posible en la noche. Será el cansancio, que nos hace vulnerables a la tentación. O será la inmunidad que dan las sombras y la soledad. 

Hay quien se transforma radicalmente por la noche. O quizá sólo libera su verdadero yo.

 No es otro yo, sino el real, el que prevalecerá bajo cualquier circunstancia.

 Es hermosa la noche, porque nos libera de nuestras cadenas. Podemos hacer lo que en el día no consentiríamos.

 Quienes la disfrutamos somos las criaturas de la Noche. Nos subyuga, nos seduce, y como la amante ansiosa, no nos deja dormir.

 Lástima que muchos no alcancen a llegar a ella. Se quedan exhaustos a mitad del camino, rendidos por las obligaciones y las buenas costumbres.

 Sólo los malos, dicen, pululan en la noche.

 No es cierto. Sólo los libres pueden vivir en la Noche.

 

Enero 23 de 2009

Las caídas de Andy

Las caídas de Andy

No hay semana en que Andy no platique una nueva aventura.

O se cayó del árbol, o se hizo una herida mientras jugaba con un cuchillo, o lo atropellaron, o se le cayó una barda encima.

Algunos domingos, no puede ir a la casa de la abuela, porque está convaleciente.

A sus cuatro años, ya tiene las heridas de mil batallas, todas en casa.

Tiene una cierta propensión a los accidentes, y por más que sus papás lo cuidan y vigilan, él siempre encuentra la manera de accidentarse.

Pero cuando lo vemos, ni se le nota. Corre y juega con sus primos como si nunca se hubiera caído.

No le tiene miedo a nada. Su vida es una aventura continua, así sea para subirse a un sofá para tirarse sobre otro.

Como niño, no mide el riesgo de sus actos. Y nos preocupa.

Pero al menos, sabemos que en cada aventura, Andy aprende a sobrevivir, a perseverar en sus intentos, y a que después de cada caída, se puede esperar la cuenta de ocho, pero siempre hay que levantarse para seguir.


Junio 22 de 2009

Milagros inadvertidos

Milagros inadvertidos

Hay días en que los milagros inician temprano.

Son milagros sencillos, casi inadvertibles, pero tan ciertos como que el sol sale todos los días.

La luz que entra por la ventana al amanecer. El aroma de una flor que escapa del jardín al dormitorio. Una sonrisa amorosa al lado.

El suave olor de unos panecillos calentandose al comal. El delicioso tufillo que sale de una cafetera.

La plática amable en la mesa, la televisión con buenas noticias, una llamada telefónica de un buen amigo.

La oportunidad de aclarar una duda a un niño, la oportunidad de acariciarle su cabecita llena de ideas, la sonrisa de un bebé y el brillo de sus ojos inundando nuestra existencia.

El saludo de un desconocido en la calle, el semáforo en verde todo el camino, el conductor amable que nos cede su derecho de paso en una calle.

Una taza de buen café al atardecer, una plática con un buen amigo, una vista panorámica del ocaso. Una sonrisa amorosa al llegar a casa.

Son milagros que inician temprano, y que muchas veces no los vemos.

Los dejamos pasar, y sólo los echamos de menos cuando no los tenemos.

Que tu mundo este lleno de esos pequeños milagros. Nada más.


Enero 21 de 2009

Frustración literaria

Frustración literaria

Pasan los minutos, con una letanía inexorable de segundos.

Los veo materializarse, a fuerza de ver como los relojes van cambiando sus números, unos, y como caminan las manecillas, en otros

Es el tiempo, que se escurre entre los instantes.

Recorro cada letra del teclado en la computadora. Las teclas esperan el golpe digital –del dedo- que les de voz. No llega.

La mente sigue en blanco. Las Musas andan de vacaciones.

Una se asoma, y se desliga de toda culpa. No son ellas, sino el haber pasado un fin de semana en el ostracismo social.

Sin calle, no hay vivencias. Sin convivencia no hay historias. La televisión no es semillero de ideas. Los libros sólo traen historias contadas.

Retomo la actitud de ver el reloj y mirar las teclas. El cursor, como un pura sangre lleno de nervios, tiembla ansioso, pero nadie le da la señal de arrancar.

El tiempo pasa y el espacio espera. No es que mis escritos sean muy apreciados, pero ya tienen un espacio y hay que llenarlo

Llenémoslo, pues, con nuestras frustraciones literarias, que también se vale.

Enero 19 de 2009

El viejo

El viejo

Muy molesto, el hombre aquel tomó la palabra frente al grupo.

Todos lo miraron primero, y luego escucharon como desgranaba un rosario inmenso de quejas.

Nada le gustaba, ni los impuestos, ni el trato que le daban en el transporte, ni la falta de respeto a los viejos.

Se apoyaba en su bastón para darle más fuerza a sus imprecaciones.

A simple vista, no se veía tan viejo. No había ni una cana furtiva en su cabello. Su dentadura estaba completa. Había que acercarse mucho para notar un leve hálito a vejez que denunciaba sus años.

Se lamentó la pérdida de respeto a los viejos. Los muchachos no les ceden el asiento, no dejan de decir malas palabras frente a ellos. Casi los empujan cuando pasan junto a ellos.

Y en las oficinas, no les hacen caso por ser de la tercera edad.

En fín, ser viejo era un calvario.

- Bueno, pues si no te respetan- le dijo un compañero, en plan de sorna- pégales con el bastón.

- No puedo, porque no lo llevo- le respondió.

Al ver la interrogante en los ojos de su amigo, continuó.

- Por nada del mundo, permitiría que me vean como un viejo.

El otro, sólo sonrió.

 

 

Enero 17 de 2009

 

 

 

 

 

La palabra

La palabra

La palabra es como un cuchillo afilado cuando se usa con saña.

Pero es garantía de hombría cuando se deja en prenda. Tiempos hubo cuando la palabra dada por una persona era más valiosa que cualquier fianza o documento firmado.

Quienes la empeñaban, nunca la perdían, pues cumplían el compromiso puntualmente.

Todo eso se perdió. Hoy, cualquiera da su palabra como si fuera una tarjeta de presentación. Y pocos la cumplen.

El albañil pide un adelanto y luego no vuelve. El artesano promete venir el lunes y pasan los días, los meses, y no llega.

El artículo que se compró resulta defectuoso y hay que andar peregrinando por todos lados buscando quien la arregle.

El jefe hace un cambio de horario o de funciones por dos semanas, y se vuelve eterno.

Se perdio el valor de la palabra.

Pero aún habemos quienes acostumbramos cumplir. Tenemos la palabra. La empeñamos cuando se requeire y la recuperamos en su tiempo.

Y la usamos también, cuando se requiera, como arma del más despiadado filo.

Enero 16 de 2009

El amor y la guerra

El amor es como la guerra.

No solamente en las formas, de que todo se vale.

También en la manera como se hace.

Caminando por la calle, observo a las parejas. Una de ellas, vista desde un puente, parece que pelea. La chica manotea, se le sube encima al muchacho, y luego se invierten los papeles. 

Él la toma de los hombros, luego sus manos van al rostro de la chica, mientras ella se debate, con poco esfuerzo y menos resultado.

Luego, la pelea termina en besos.

Definitivamente, el amor se parece a la guerra. Ambas partes se miden en sus fuerzas, se amenazan, luego atacan, buscando vencer.

Al final, alguien toma prisionero al otro. 

Igual en la guerra como en el amor.

La diferencia es que en el amor los dos ganan, y en la guerra, los dos pierden.

 Enero 14 de 2009

El ganadero

El ganadero

Conocí a don Chuy cuando era solamente albañil.

Trabajaba bien, pero fiel al gremio, acostumbraba perderse los lunes.

Me lo tope hace unos días, y me dice que ahora es ganadero.

Vio la cara de sorpresa, y explicó que como consiguió una mujer que le hiciera compañía, tuvo que emigrar a una casa más amplia.

Se fue a las orillas de la ciudad, casi en el desierto, pero ahí puede tener sus animalitos.

- Nomás las gallinas me dan como 10 huevos diarios, de esos rojo, de a deveras.

Tiene cabras, conejos, y gallinas. Comida que camina, para cuando el trabajo se haga escaso.

No sufre mucho, vive como si estuviera en el campo, y si no trabaja, como quiera come.

Todavía trae la pala y la cuchara en la mano, pero se ve más tranquilo.

Feliz como ganadero. 

Enero 13 de 2008

Escalones de amor

Escalones de amor

Por Francisco Zúñiga Esquivel  

Si el amor se midiera por escalones, Liu Guojiang seguramente sería el mejor amante del mundo.

Cuando tenía 19 años se enamoró de una viuda de 29 años llamada Xu Chaoqin. En China, es mal vista una relación así, pero Liu no se amilanó e invitó a su amada a irse al fin del mundo, donde vivir su amor en paz.

Ella aceptó y se fueron a vivir en las montañas, en una cueva. Pero un día Xu perdió la gracia y la agilidad para caminar por los senderos.

El amor le dio fuerza a Liu para ir tallando en la piedra de la montaña seis mil escalones, para que su amada, ahora no tan joven, pudiera caminar sin tropiezo.

Mucho le costó a Liu, pero no le importó. Sólo buscaba la comodidad de su amada.

Y pensar que hay quienes ni un vaso de agua le pueden llevar de la cocina a la recámara. O ni siquiera ayudarle a sacar la basura.

Para Liu eso era un honor.

Hace poco murió Liu. Pero su amor sigue vivo en los seis mil escalones de las montañas.

Un amor mucho más productivo, que otros, como el de Romeo y Julieta.

 

Diciembre 8 de 2009

Fotografías

Fotografías

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Doce álbumes fueron insuficientes para ordenar las fotos que andaban rondando por los rincones de la casa.

Y todavía quedan las que están “guardadas” en los cajones de algunos muebles o en las cajas arriba o debajo de los clósets.

Son cientos, quizá miles de fotos.

Por ahí aparece Karen cuando todavía no abandonaba el hospital donde nació. Y está en la última Los gemelos aparecen en mil facetas. Desde cuando se bañaban juntos en el fregadero de la cocina, luego cuando jugaban vestidos con botas y pañales, de viaje cruzando a pie la frontera de algunos estados, y las más recientes, tomadas por ellos mismo uno a otro.

Ventajas de tener siempre la cámara a mano. Y pensar que nuestros abuelos apenas y tenían una o dos fotos en toda su vida.

Nosotros mismos, apenas llenamos una o dos páginas del álbum con toda nuestra infancia.

La fotografía se volvió artículo de consumo masivo, e invadió hasta la intimidad de nuestras vidas.

Algunas se convertirán en documento histórico. Otras simplemente serán un remanso de recuerdos en alguna vejez.

Enero 7 de 2009

Los libros

Los libros

Parecía muy simple: hacer un librero en la pared.

Como obra de ingeniería no es complicado. Basta asegurar unas tablas de manera simétrica, luego asegurarlos de modo que no se muevan, y todo queda listo.

Fue más difícil encontrar el tiempo libre para trabajar en ello, pero tras algunos fines de semana –que se convirtieron en meses- pusimos manos a la obra.

Quedó bien, mientras no tenga que participar en algún concurso de belleza.

Luego vino la clasificación, acomodarlos por temas. Aquí los escritores latinoamericanos, por acá los que recién descubiertos. A un lado los de temas motivacionales.

Después sacar las cajas donde algunos dormían desde hacer algunos años. Fue cuando surgieron los libros llenos de recuerdos: Apareció D´Artagnan con sus tres amigos mosqueteros, los 80 días recorriendo el mundo, el libro de matemáticas de primero de secundaria, Sherezada y sus mil y una noches de insomnio.

Libros de las ediciones más baratas que encontré en su tiempo, y que hoy sobreviven deshojados, pegados sólo por el agradecimiento de las horas felices que me hicieron pasar.

Se ven raros, con sus mal acomodadas hojas color sepia, carcomidas por el tiempo, y sus autores poco recordados por las nuevas generaciones, flanqueados por gente de alcurnia como García Marquez, Ernest Hemingway y Mario Vargas Llosa.

No importa. Me acompañaron en una época importante de la vida. Hicieron más agradable el camino de la adolescencia, y merecen estar ahí.

Por siempre.

 

Enero 5 de 2009

Fracaso

Fracaso

Hay quien nunca se equivoca, porque nunca hace nada.

Adoro los fracasos, porque significa que estamos vivos. y los vivo -valga la redundancia- todos los días, como si fuera una fiebre incurable.

Son pequeñas derrotas que no cambian ni la faz del mundo ni la vida cotidiana, pero me van dando temas para reflexionar, experiencias que compartir y anécdotas para hacer reir a los amigos.

A veces es algo tan simple como equivocarse de número telefónico y hablarle con toda la confianza del mundo, bromas incluidas, a alguien que no conoces y que siempre suele ser una persona muy seria.

O abrirle al agua caliente en vez de la fría cuando estás en la regadera de un hotel.

Son múltiples los fracasos. Los errores. Las fallas. Pero ninguna nos debe agriar la vida, sino sazonarla con el dulce aderezo de la risa.

Dice Edgar que de los fracasos aprendemos. Coincido con ello, pero agregaría que no basta el fracaso, mi buen Edgar, hay que aprender a reírse de ellos. Lo demás es como dices, aprender de ellos.

Desde esta perspectiva, podríamos desearle muchos fracasos a los amigos, sobre todo cuando el año empieza. Así tendrían mucho de que reir y mucho por aprender.

Pero no, vale mejor ser convencionales, porque la mayoría sólo ve las apariencias y pocos entenderían la profundidad y el significado de esos deseos tan peculiares.

Enero 3 de 2009