La belleza del amor

El hombre que compartía la mesa presumía cuánto quería a su mujer.
Veinte años unidos por el simple amor que se tenían.
Contó su historia al sacerdote que comía con nosotros. Del error de juventud que lo llevó a casarse y divorciarse en una semana.
Un error que le impedía ahora cumplirle a su mujer su gran ilusión: Unir su amor ante el altar de Dios.
Pero si los hombres y la iglesia lo separan, el amor los une.
Ella entró a la cocina de la casa donde estábamos. Una mujer normal, madura, con una amplia bata para cubrir los kilos que los años y los embarazos dejan. Su único maquillaje era una amplia sonrisa, que no desparecía.
Los años son crueles, nos quitan la juventud y la belleza. A hombres y mujeres por igual, pero ellas lo sufren más.
Nos dejan la otra belleza, la interior, la que nadie ve. A este hombre no le importa, así la ama, y lo pregona a los cuatro vientos.
No importa que lo regañe cuando va por la cuarta cerveza. Dócil, la sigue cuando ella le pide irse, pese a que los demás apenas empiezan la convivencia.
Una historia de amor simple, con seres reales. Con arrugas, con canas.
Oct 9 de 2009
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