La generación perdida

La cafetería era el punto de reunión para todos los estudiantes.
Ahí íbamos a terminar la plática, el intercambio de ideas, o ponerse de acuerdo para ver dónde iba a ser la fiesta.
Era tan fácil ponerse de acuerdo porque había tanto tiempo libre. No había obligaciones, todos vivíamos en la misma ciudad, y las noches no eran tan peligrosas como lo fueron después.
El tiempo pasa, y no es lo mismo los Tres Mosqueteros que 25 años después. Debe ser que a Gardel nadie le dijo que 20 años sí lo es.
Por eso, cuando Roberto y Walter convocaron a todos a reunirnos un cuarto de siglo después de terminar la escuela, muchos respondieron al llamado, pero pocos pudieron hacerlo.
Por enésima ocasión todos fallaron. Todo cambió, y si antes todos acudían, ahora no pueden hacerlo porque el trabajo, el cónyuge o la distancia lo impiden.
Se quedó pendiente el machacado y la clase del recuerdo. Se quedó pendiente el reencuentro de los amigos, las anécdotas y los recuerdos.
Quedan los números telefónicos, las direcciones electrónicas y la vuelta de algunos amigos y amigas, que se reconectaron.
Ya nos pondremos al corriente.
Por lo pronto, la foto se queda pendiente.
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