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Crónicas de la Nada

El frío de Eva

El frío de Eva

Sentados en la terraza natural que daba la montaña, Eva Pérez y Adán Pérez disfrutaban la puesta de sol que la Naturaleza les regalaba.

Era hermosa la combinación de colores que Natura pintaba en el lienzo del atardecer. Tonos rojizos, azules, amarrillos, sabiamente combinados. Todo perfecto

Eva y Adán lo miraban arrobados, tomados de las manos.

El sol fue ocultándose tras la montaña, y una tenue penumbra asaltó el panorama. Al otro lado del cielo, una tímida luna llena asomó su cabellera inexistente, bostezando.

Una brisa suave envolvió a la pareja.

- Qué frío hace –dijo Eva.

Adán, caballeroso, la cubrió un manto de flores que la hizo ver hermosa, sólo para él, porque ningún espejo habría por el paraje.

Eva insistió:

- Hace frío.

Adán se quedó desconcertado. Él no sentía frío, sino un calorcillo agradable.

Serpiente, que en todo está, menos en Misa, se le acercó y le dijo al oído:

- Adán, que no sabes que cuando la mujer dice tener frío, es porque quiere que la abracen.

Adán comprendió. Y así nacieron Abel y Caín

4 diciembre 2008

Fracaso

Fracaso

Hay quien nunca se equivoca, porque nunca hace nada.

Adoro los fracasos, porque significa que estamos vivos. y los vivo -valga la redundancia- todos los días, como si fuera una fiebre incurable.

Son pequeñas derrotas que no cambian ni la faz del mundo ni la vida cotidiana, pero me van dando temas para reflexionar, experiencias que compartir y anécdotas para hacer reir a los amigos.

A veces es algo tan simple como equivocarse de número telefónico y hablarle con toda la confianza del mundo, bromas incluidas, a alguien que no conoces y que siempre suele ser una persona muy seria.

O abrirle al agua caliente en vez de la fría cuando estás en la regadera de un hotel.

Son múltiples los fracasos. Los errores. Las fallas. Pero ninguna nos debe agriar la vida, sino sazonarla con el dulce aderezo de la risa.

Dice Edgar que de los fracasos aprendemos. Coincido con ello, pero agregaría que no basta el fracaso, mi buen Edgar, hay que aprender a reírse de ellos. Lo demás es como dices, aprender de ellos.

Desde esta perspectiva, podríamos desearle muchos fracasos a los amigos, sobre todo cuando el año empieza. Así tendrían mucho de que reir y mucho por aprender.

Pero no, vale mejor ser convencionales, porque la mayoría sólo ve las apariencias y pocos entenderían la profundidad y el significado de esos deseos tan peculiares.

Enero 3 de 2009

Un nuevo día

Por Francisco Zúñiga Esquivel

El día amaneció igual que todos.

El mismo sol, la misma luz, el mismo panorama a través de la ventana.

Los periódicos, leídos en Internet, contienen las mismas noticias: crímenes inútiles, violencia, guerras en países lejanos, crisis recurrentes.

El espíritu de navidad se circunscribió a unos días y a unos cuantos. Murió con el año, y ahora, todos volvemos al principio: A cultivar nuestra ambición y a cuidarnos de la soberbia de los demás.

Aún así, se percibe cierta esperanza. Todo ciclo nuevo es una promesa de cambio, de mejoría.

El año también lo es.

Mucho dependerá de nosotros, que podamos cambiar en nuestro interior, para luego influir en el entorno de nuestro pequeño mundo.

Si intentamos cambiar al mundo desperdiciamos nuestro esfuerzo.

Es mejor cambiar nosotros mismos.

Quizá cueste más, pero será más provechoso para nosotros, y para el mundo.
 
Enero 1 de 2009